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Robert H. Rines, perseguidor de seres míticos, inventor

Muerto de un fallo cardiaco a los 87 años en Boston, elnorteamericano Robert Harvey Rines, inventor, abogado, músico y perseguidor de seres míticos, fue un innovador nato. En el curso de su vida

Actualizado 15/11/2009 - 09:50:11
Muerto de un fallo cardiaco a los 87 años en Boston, elnorteamericano Robert Harvey Rines, inventor, abogado, músico y perseguidor de seres míticos, fue un innovador nato. En el curso de su vida patentó unos 800 inventos. Pero seguramente será recordado mucho más por ser el hombre que dijo haber visto y persiguió al Monstruo del Lago Ness («Nessie» para la prensa). La curiosidad de Rines por los desafíos tecnológicos parecía inagotable. Era, sin duda, uno de esos «ellos» a los que se refería Unamuno, cuando soltó su famosa andanada contra el I+D patrio: «¡Que inventen ellos!».
De casta parecía venirle al galgo. Hijo de un abogado de patentes de Boston, Rines estudió Ingeniería y Física en el famoso Instituto Tecnológico de Massachussets y acabó lacarrera en 1942. Tenía veinte años. Durante la Segunda Guerra Mundial se alistó en el Cuerpo de Transmisiones, donde su talento -acuciado por la urgencia de todo enfrentamiento bélico- dio los rendimientos esperados. Fue uno de los creadores del sistema de microondas de alerta aérea temprana, capaz de detectar aviones enemigos a cientos de kilómetros.
Rines también estudió Derecho. Fue abogado y asesor internacional en cuestiones de patentes y propiedad intelectual. Y como le tentaba la vena artística, decidió ser empresario teatral y compositor, y puso en pentagramavarios musicales estrenados después en Broadway. A los once años le echó un pulso a Einstein en un dúo de violín. «Yo tocaba mucho mejor», aseguró.
Casi todos los descubrimientos de Rines tuvieron aplicación inmediata en el ámbito militar, y resultaron cruciales en sistemas de navegación a larga distancia y en localización de barcos y aeronaves. Además, desarrolló un dispositivo electrónico para mejorar la resolución de las imágenes del radar y el sonar, utilizado enmisiles balísticos y en medicina.
Como ocurre con los grandes amores, la pasión de Rines por el Monstruo del Loch Ness, o Lago Ness, le llegó de golpe en 1972, cuando estaba de luna de miel en Escocia con su segunda esposa. Un amigo les había invitado a tomar el té en su casa junto al lago, y el anfitrión llamó la atención sobre algo raro que sobresalía del agua. Al principio creyeron que se trataba de una barca volcada, pero pronto salieron de su error al enfocar con prismáticos el extraño bulto. Lo que veían era una giba grisácea, parecida a la piel de un elefante, que se elevaba y desaparecía con rapidez en la superficie del lago.
La visión duró diez minutos, y a partir de ahí Rines supo que había visto al Monstruo. Por supuesto, casi nadie le creyó, pero él siguió adelante con la fe del iluminado.
Lo que empezó siendo entusiasmo de amateur, terminó en obsesión. Adquirió una casa cerca de Loch Ness y utilizósus avanzadas técnicas de sonar en la búsqueda de Nessie. En 1976, la Academia de Ciencias Aplicadas (creada por él mismo) y el «New York Times» se unieron al rastreo.
Deslizó cámaras fotográficas y ultrasensibles aparatos de escucha bajo el agua. Incluso encargó un perfume especial para atraer a la escurridiza criatura. Pero ésta no volvió a dar señales de vida. Tras 25 años, Rines dio la busca por concluida y dijo adiós a un sueño. Como suele ocurrir en los fracasos, le llovieron las críticas. «Me llaman loco -dijo- y no me quejo. Al menos no iré a la cárcel, como Galileo».
Lo más cerca que estuvo Nessie de ser realidadfue cuando en 1974 apareció la fotografía de una criatura desconocida en el lago. Se distinguíanperfectamente su cabeza y un largo cuello emergiendo del agua, y pronto los naturalistas le pusieron nombre digno de un concurso de trabalenguas: «Nessiteras rhombopteryx». Pero luego se pensó que la instantánea era una falsificación, y ahí quedó todo.
Rines halló pruebas de que el lago Ness, que tiene casi cuarenta kilómetros de largo y mucha profundidad, cubre un antiguo fondo oceánico, lo cual abría la hipótesis de que un dinosaurio marino pudiera haberse adaptado al agua dulce, aunque su especie estuviera extinguida hace sesenta y cinco millones de años. Pero el Monstruo no estaba por la labor de aparecer, o quizás murió de viejo, o de soledad, aislado de sus hermanos de evolución.
La inventiva de Rines se trasladó entonces a otros desafíos. Acabar con los tornados, por ejemplo, una idea que tampoco le dio tiempo a rematar. Su vida, en suma, fue una sucesión continua de retos para abrir nuevas puertas al desarrollo tecnológico. La gran deidad de nuestro tiempo. «Pensó en cosas en las que nadie había pensado -dijo su mujer-, y creía que nada es imposible si uno piensa en ello y quiere hacerlo».
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