POPULAR
«Noches de Ramadán»
Concierto de Rasha. Lugar: Parque del Casino de la Reina.Madrid. Fecha: 11-10-07
LUIS MARTÍN
Aquella grabación de 1997, «Sudaniyat», fue una modesta producción con la que la cantante y percusionista sudanesa Rasha consiguió renombre en el proceloso universo de las músicas africanas que se instalan en Madrid. Diez años después, con un temario filtrado en el cedazo de trama fina que fue su siguiente álbum, «Let me be», su propuesta revela un sustancioso aumento de convocatoria, máxime en esta comparecencia que, enmarcada en el ciclo «Noches de Ramadán», organizado por Casa Árabe, se ha dirigido preferentemente a su público natural.
Rasha elabora una música fijada en dos territorios a los que ella hermana con naturalidad; de un lado, el cancionero rural arábigo-africano instalado en su país, Sudán; de otro, el urbano de Jartum, siempre presto a confraternizar con un revestimiento muy similar al de cualquiera de nuestras bandas de rock o de jazz. Con ambos recursos, y en no pocas ocasiones tomando la dirección de la nave, unos espléndidos Javier Crespo en guitarra y Patxi Pascual en el saxo, se inclinan, unas veces, hacia el trabajo de texturas y, otras, transitan por la exuberancia melódica. En conjunto, pese a que la producción de sonido luciese apilada, emborronando argumentos, un primor electroacústico que provocaba la entrega incondicional.
Espléndida en los blues nostálgicos, fascinante en las canciones pacifistas y en las de amor, Rasha lleva años mostrando en las tarimas de los Womex su voz privilegiada. Una mujer que hace caligrafía con la garganta cuando se expresa en clave tradicional, y coloca sus abstracciones en un lienzo rítmico, ribeteado por los instrumentistas de su banda, cuando quiere ser moderna. Estremecedor su recuerdo a Sudán, un país herido de guerras permanentes. Un concierto así es un acontecimiento hermoso, de potente calado popular. Pero también incómodo para la clase dominante. Sus textos informan sobre la cara menos amable de un mundo triunfalista que reparte asépticos dividendos entre unos pocos, mientras los desheredados se convierten en depredadores de ellos mismos. No parece probable que Rasha sea popular en el entorno de nuestros centros de decisión bursátiles.