POR ENRIQUE YUNTA
BARCELONA. Obliga el póker a la extravagancia, a olvidar el sentido del ridículo y a los modelitos más llamativos jamás vistos anteriormente. Es una manera de reclamar la atención en un pasatiempos en donde la vestimenta hace al jugador. Se trata de descubrir al «primo» cuanto antes y el más mínimo detalle no se le escapa absolutamente a nadie. El poder de la mente vale tanto como el de la intuición, pero no todo es azar.
En estas se ha metido Sergi Bruguera, que se limita a vestir con unos tejanos y una camisa oscura. No participa tanto del espectáculo, pero entiende la parafernalia. Olvidados sus logros con la raqueta, el catalán ha participado este pasado fin de semana en el European Póker Tour, que se detuvo en Barcelona y en donde Bruguera recibió una invitación por parte de Póker Stars para participar -la inscripción costaba nada menos que 8.000 euros-. Le faltó una «J» para superar la ronda de clasificación, pero dicen los que han jugado con él que apunta maneras.
«Me encanta jugar a las cartas, desde la «podrida» pasando por el mus o la canasta. Y el deporte rey de las cartas es el póker, me apasiona», se justifica Sergi, que habla con cierto gusanillo antes de estrenarse en un torneo tan profesionalizado. «He jugado toda la vida, con amigos, con tenistas... Después aprendí a jugar al Texas Holdem (una modalidad del póker habitual en los torneos) y así desde hace unos siete meses. Juegas unos treinta euros, te dan fichas y puede darte para toda la noche sabiendo que si te eliminas se ha acabado, que no jugarás más. Eso es lo bueno», sostiene.
Jura que no ha entrado jamás en un casino salvo para disputar un par de torneos. «El póker no estaba bien visto, pero ahora ya está normalizado. Es un juego divertido. Lo malo es cuando es un vicio», admite. Cuando se sienta en una mesa se olvida del resto y le transporta a su etapa de deportista de elite, en donde tocó el cielo de París en dos ocasiones. «Me aporta la sensación de competición. Es muy intenso. He llegado a jugar desde las diez de la noche hasta la siete de la madrugada, me puedo pasar horas. Me divierte mucho, disfruto como un loco». Mantiene que, si no lo es, está muy cerca de considerarse un deporte. Incluso ve paralelismos con el tenis. «Notas la misma presión de la competición. Estrategia, psicología... Hay mucha fuerza mental. En el tenis pasa lo mismo, pero ahí también vale mucho el físico. Seguro que me ha servido mi carrera como tenista para aguantar los nervios, tener más calma. Estoy preparado para las situaciones de estrés», resume.
No tiene un estilo definido. Tan pronto recurre al saque-volea como al juego desde el fondo de la pista. «Hay que saber leer al otro, esa es la clave. Y hay que saber engañar», afirma mientras duda en tono de broma sobre su calidad: «Puede que todavía sea el «primo» de la mesa...». Modestia aparte.
Aunque alguno se sorprende al verle, pasa desapercibido ya que en el mundo del póker han aterrizado muchos famosos incluso con más nombre. Y sigue de reojo el tenis, aunque reconoce que se cansa siguiendo los partidos por la tele. Obviamente, ensalza a Rafa Nadal -«ha hecho más que nadie por el tenis español»- y le vaticina un buen futuro en el póker si al balear le da algún día por ahí: «Seguro que sería buenísimo. Tiene una mentalidad única».


