A la hora de extraer sus conclusiones, los investigadores se han fijado especialmente en las diferencias entre las proporciones faciales de hombres y mujeres, esto es, en su dimorfismo facial. Y se han encontrado con que los varones tienen la parte superior de la cara relativamente corta en relación a su anchura, si se compara con el mismo rasgo en las mujeres.
Las líneas marcadas en las fotografías (arriba) ilustran este dimorfismo facial. Las líneas verticales se han colocado a ambos lados del cráneo, contra los zigomas (el borde orbital inferior que perfila los pómulos) izquierdo y derecho del varón. Las horizontales, por su parte, se han situado sobre el nasion y el prostion (puntos de la nariz y de la encía superior), también esta vez de la cara masculina. Al compararlo con el rostro de la mujer, el del varón resulta más ancho (la anchura se representa con la distancia entre los zigomas izquierdo y derecho). Sin embargo, esa marcada diferencia no se aprecia en la altura (representada por la distancia entre los puntos nasion y prostion), que es casi la misma. Esas particularidades en los rasgos faciales se hacen visibles en la pubertad y han acompañado a hombres y mujeres a lo largo de su evolución.
Para evitar cualquier clase de distorsión, las dos fotografías fueron tomadas por los investigadores con la mayor precisión, cuidando que la distancia entre los sujetos y la cámara fuera la misma en el caso del varón y la mujer.