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El Papa pide volver a Cristo y disciplina para frenar las fugas hacia las sectas

JUAN VICENTE BOOCORRESPONSALROMA. Denunciar la escandalosa desigualdad de América no está reñida con la devoción a la Eucaristía, lo mismo que evangelizar a los pobres no es incompatible con

Actualizado 15/05/2007 - 02:47:11
JUAN VICENTE BOO
CORRESPONSAL
ROMA. Denunciar la escandalosa desigualdad de América no está reñida con la devoción a la Eucaristía, lo mismo que evangelizar a los pobres no es incompatible con evangelizar a los ricos, según algunas de la lecciones americanas del Papa. El viaje a Brasil y su encuentro con el Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM) han representado un gigantesco esfuerzo clarificador al cabo de dos décadas marcadas por la confusión.
Ya en el vuelo hacia Sao Paulo, Benedicto XVI afirmó que «América Latina es el mayor continente católico, y por eso es la mayor responsabilidad de un Papa», pero añadiendo enseguida un llamamiento a la exigencia: «el continente católico debe ser ejemplar», debe resolver sus propios problemas. El Santo Padre los fue abordando todos, unos de frente y otros de puntillas para dejar claro que son responsabilidad de los Gobiernos y los ciudadanos, pues «la Iglesia no hace política sino que respeta la laicidad».
Análisis clarividente
La esmerada preparación de este viaje se notó enseguida en un excelente portugués y un análisis clarividente de los problemas religiosos y sociales de Iberoamérica, ahora que han quedado atrás las utopías comunistas y la teología de la liberación. Buena parte de su esfuerzo clarificador consistió en eliminar falsas dicotomías que han alimentado discusiones estériles durante décadas.
El Papa se manifestó convencido de la santidad del arzobispo de San Salvador, Óscar Romero, a quien presentó como mártir, pues «fue asesinado durante la consagración». Ya en Brasil, el Papa alzó su voz contra la violencia, la pobreza, la injusticia y los regímenes autoritarios de América.
En su discurso a los obispos brasileños, Benedicto XVI les dijo con toda claridad que resolverán la fuga masiva de fieles hacia las sectas protestantes -entre las que abundan las organizaciones para esquilmar a los incautos, mientras que otras ayudan de verdad- si vuelven a presentar el mensaje central de la persona de Jesucristo, y si mejoran tanto la disciplina como la liturgia, la distribución de los sacramentos y la catequesis. Pero al mismo tiempo les exhortó a poner «pan en las manos de quien no lo tiene», siguiendo el ejemplo de Jesús.
Al día siguiente de haberles invitado a «salir a la búsqueda de quienes se han alejado», el Papa dio ejemplo personal yendo a visitar una granja de recuperación de toxicómanos, algunos de los cuales habían sido considerados como desechos no solo por las autoridades sino también por sus propias familias. Desde allí, lanzó un vigoroso grito contra los narcotraficantes, advirtiéndoles que «Dios les pedirá cuentas» por el inmenso mal que hacen a los adultos, los jóvenes e incluso a los niños.
Destrucción ecológica
Benedicto XVI insistió repetidamente en el socorro a los pobres y a los débiles -incluidos los indios de la Amazonía, cuya destrucción ecológica también condenó-, pero no mencionó siquiera la teología de la liberación por considerarla un problema sobrepasado, del que se ocupan tan sólo algunos nostálgicos. En cambio abordó de modo frontal el problema de la teología indígena -el enésimo reduccionismo cultural- y de la cristología, dos temas que sí preocupan al Vaticano pues limitan respectivamente el mensaje de Jesucristo y su personalidad divina. La reciente advertencia del Vaticano sobre dos libros de Jon Sobrino se refiere a equívocos sobre la divinidad de Jesús, no a la teología de la liberación, que pasó hace tiempo a la historia.
Problemas serios
La Iglesia que Benedicto XVI se ha encontrado en Iberoamérica tiene problemas serios, pero no insolubles. La proporción de católicos en Brasil ha bajado del 74 al 64 por ciento en los últimos diez años y precisamente por eso el Santo Padre dio en celebrar su encuentro con el CELAM en Brasil en lugar de Argentina o Chile.
A su vez, el Papa que se han encontrado los iberoamericanos carece del poderoso vigor físico y comunicativo de Juan Pablo II, quien dedicó 12 días a Brasil en su primera visita de 1980, recorriendo doce ciudades: todas las de más de un millón de habitantes.
Benedicto XVI, en cambio, es más reservado y muy consciente de sus limitaciones, por lo que mide sus esfuerzos y dedica su prioridad a los obispos, confiando en el efecto multiplicador de su tarea en las Iglesias locales. De hecho, tras el «maratón» de Brasil, el Papa tendrá que descansar toda la semana en Castelgandolfo, suprimiendo incluso la audiencia general del miércoles.
POOL
Celebración de una Eucaristía masiva en la explanada de la Basílica de la Aparecida
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