PEDRO RODRÍGUEZ
CORRESPONSAL
WASHINGTON. Ante el reto de cómo hacer frente a resultados «desagradables» en la deseada democratización del mundo árabe,Estados Unidos e Israel estarían poniéndose de acuerdo para desestabilizar la gestión de un Gobierno palestino controlado por Hamás. Organización considerada como terrorista tanto en Washington como en Bruselas pero que alcanzó una clara victoria en los comicios legislativos celebrados el pasado 25 de enero.
De acuerdo a las revelaciones publicadas ayer por el New York Times, la Administración Bush y el Gobierno de Israel comparten una estrategia para hacer inviable un Gobierno de Hamás que incluye el bloqueo de financiación y toda clase de contactos internacionales. Con la aspiración de forzar a que el presidente palestino Mahmud Abbas convoque en cuestión de meses unos nuevos comicios en los que Hamás pierda su actual respaldo popular, no tan grande como el resultado de las elecciones, frente a una alternativa reformada y escarmentada del movimiento Fatah.
Las fuentes citadas por el New York Times indican la intención de ofrecer al liderazgo de Hamás la oferta de reconocer la existencia de Israel, renunciar a la violencia y aceptar previos acuerdos diplomáticos el Gobierno palestino o quedarse aislados y no poder gobernar efectivamente.
Según estos planes, sin asumir estos tres compromisos Hamás no podrá cumplir con su fundamental promesa de mejorar la vida de los palestinos, principal razón de su victoria en enero. Israel y Estados Unidos serían los primeros en no esperar que Hamás acepte estos compromisos pero, como han indicado fuentes diplomáticas occidentales, «la idea es poner este dilema sobre los hombros de Hamás».
La otra cara de la moneda
Con todo, esta estrategia de presión no estaría carente de graves riesgos ya que Hamás -además de culpar de todos sus problemas a la injerencia extranjera- podría buscar respaldo financiero alternativo en países hostiles como Siria e Irán y llegar a forzar una tercera Intifada contra Israel.
Esta estrategia de presión se centraría sobre todo en el terreno financiero. La Autoridad Palestina recibe entre 50 y 55 millones de dólares mensuales de impuestos y aranceles cobrados por Israel. El Gobierno israelí ha indicado que suspenderá estas transferencias una vez que tome posesión un Gobierno de Hamás, lo que supondría un agujero presupuestario de 110 millones de dólares al mes.
Ante estas informaciones de coordinación entre Estados Unidos e Israel, la Casa Blanca y el Departamento de Estado han insistido ayer en que no existe un complot para desestabilizar un futuro gobierno de Hamás.



