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Deuda para generaciones venideras

SUBE la venta de relicarios con un mechón de Keynes, recae el número de nuevas sociedades mercantiles y el turismo -ya en crisis

Actualizado 15/01/2009 - 02:56:15
SUBE la venta de relicarios con un mechón de Keynes, recae el número de nuevas sociedades mercantiles y el turismo -ya en crisis- no va a recuperarse hasta 2010. El dilema no tiene una desembocadura directa en la catarsis: o nos endeudamos mucho o nos endeudamos mucho más. Es lo que quita el sueño a los gobernantes con cierto sentido de las reglas básicas de la aritmética contable. Sería como escoger entre Esparta y Atenas, pero a sabiendas de que cualquier futuro tendrá hipoteca. Según el Consejo de la Juventud, decrece el porcentaje de jóvenes que se instalaban por su cuenta dejando el hogar familiar. Hay un regreso a los frigoríficos de los padres y a las veladas en el sofá de poliéster repartiéndose cuotas de zapeo: para ti el baloncesto y para mí, «ven a cenar conmigo». Todos nos preguntamos cómo la sociedad española va a capear el anticiclón económico, especialmente los jóvenes, entre quienes el paro aumenta con mayor celeridad. Endeudar tanto al Estado gravará las generaciones venideras, ya de por sí sometidas al pago de un Estado de Bienestar caracterizado por el envejecimiento de la población y la baja natalidad. Comienza un ciclo de ilusiones perdidas.
Hasta dónde hará falta endeudarse en lo público para respirar entre los ahogos de la crisis: esta es la cuestión. Ni tan siquiera es oficial el volumen de la recesión: para Zapatero, habrá recuperación para fin de año; para Solbes, el déficit superará sustancialmente las previsiones. Nunca se había confiado tanto en confiar en el Banco de España. Da la impresión de que en La Moncloa se improvisan los paquetes de medidas como se enviaban cajas con víveres, mantas y latas de conserva caducadas para los damnificados de una inundación.
Aunque sin un mercado inmobiliario catastrófico, Alemania -primera economía de Europa- está calibrando su método y por ahora calcula que en 2010 no podrá cumplir con el Pacto europeo para la Estabilidad y el Crecimiento, ya flexibilizado hace meses. Bajan las exportaciones, padece la industria de bienes de equipo: Alemania puede tomar la decisión de un cambio constitucional para asegurarse no pedir prestado de modo desorbitado. Lo dijo ayer la canciller Angela Merkel. Es por la misma razón que el Gobierno alemán propondrá normas -según «euobserver»- para que sea pagada lo más rápidamente posible la deuda excepcional generada por el reciente plan de estímulos. Hay improvisaciones de cierto rigor y hay improvisaciones que son una huida hacia delante. En estas cosas, sólo la seriedad y el rigor aportan confianza. En España es perceptible un clima social muy ambivalente porque estábamos demasiado acostumbrados al crecimiento y a un poder adquisitivo que no se traducía en ahorro, sino en más consumo. A la vez, existe la turbulenta posibilidad de que las cosas vayan aún peor, sobre todo si la mayoría de los españoles no pone orden en su propia casa y sigue con los días de vino y rosas.
Se extiende ampliamente la suposición de que en los próximos dos años hay que pedir prestado y gastar para poder recuperarnos de la caída. Lo decisivo es proponerse unos límites del déficit. Para luego un retorno a la ortodoxia fiscal. «Todos somos keynesianos de nuevo», titula «The Wall Street Journal» sin creérselo. Lo cierto es que incluso Martin Feldstein, gran gurú económico de Reagan, acepta que hace falta un gasto deficitario adicional para estimular la recuperación. Pide «gasto agresivo por parte del Gobierno e intervención para contener el daño». Son necesidades muy caras y las tendrá que paga la generación entrante.
Zapatero sostiene que el déficit de las cuentas públicas «depende de lo que vamos a gastar y de lo que vamos a ingresar», aunque desde luego el3 por ciento considerado tope por el Pacto de Estabilidad va a incumplirse. Para luego, Zapatero intuye inconcretamente un cierto regreso a la estabilidad entre lo que se gasta y lo que se ingresa. No habrá prueba más contundente para la cohesión en la eurozona. Quien haya tomado antes las medidas más dolorosas antes podrá decir a sus conciudadanos que se divisa un remanso. Pidan sangre, sudor y lágrimas y, si dan buen ejemplo, a lo mejor la gente se lo cree.
vpuig@drac.com
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