
José Saramago, ayer, durante la presentación de «El hombre duplicado» en el Círculo de Bellas Artes de Madrid. JAVIER PRIETO
MADRID.Una rueda de prensa con José Saramago -las entrevistas se juzgaron imposibles dado el número de peticiones para el escasísimo tiempo que iba a estar en Madrid-, es pasar una hora ante un volcán en erupción, no por la ebullición de palabras -su tonoes sereno-. sino porque ese torrente tiene la mesura de la reflexión.
Segunda edición
El escritor que obtuvo el Nobel en 1998 vive, como es sabido, desde hace 10 años en Lanzarote y está casado con una sevillana, Pilar del Río, que traduce sus obras y a la que ayer mismo hizo en público su más reciente y fervorosa declaración de amor. El autor de «Levantado del suelo» viaja con frecuencia, pero esta visita a Madrid se debe a la presentación de su nueva novela, «El hombre duplicado» (Alfaguara), que apareció en Portugal, tierra natal del novelista el 25 de noviembre de 2001, fecha en que Saramago cumplió 80 años. En España el libro pudo comprarse desde el pasado día 2 con una tirada de 160.000 ejemplares, y dado el ritmo de venta parece próxima la segunda edición.El caso es que el creador de Tertuliano Máximo Afonso y Daniel Santa-Clara, los dos desconocidoscuya identidad física provoca la trama que intriga al lector y le obliga a plantearse determinadas cuestiones sobre lo que puede explicarnos como seres individuales y únicos. Saramago asegura que ha escrito este libro con mayor rapidez que otros, quizás porque tenía muy claro el tema. «Tras meses de perplejidad e indecición en los que esperaba una idea que no aparecía, empezaba a preocuparme la posibilidad de que me hubiera acabado como escritor, algo de lo que si se produce uno debe tener conciencia», cuenta. La cuestión es que la idea llegó el 1 de noviembre de 2001 y don José empezó a convertirla en realidad el 18 de enero de 2002. La terminó el pasado agosto, a pesar de los incesantes viajes, pero quizá el secreto resida en que «escribí con muchas ganas».
Queda dicho que «El hombre duplicado» abunda en reflexión y en intriga. Un tercer e importántísimo elemento es el humor. Pero quién lo ha escrito no admite el calificativo de «novela feliz, porque los personajes no lo son, por más que el lector ría». «Mi humor y mi ironía expresan angustia, duda. Cuando era niño pasaba por un cementerio y silbaba para disfrazar el miedo. Hoy hay miedo a perder el trabajo, a múltiples asuntos, de hecho es el sentimiento que domina la vida hoy», dice.
En su opinión Tertuliano Máximo Afonso es un personaje sencillo como todos los suyos: «En ni novela no hay personajes malos, porque odio la maldad incluso expresada en términos artísticos».
Con respecto a la identidad del individuo, eje de su último texto, piensa que la pregunta no es tanto quién es el otro, algo que nos planteamos como si tuviésemos claro quién es uno mismo. «El problema es que no sabemos quienes somos. Buscamos en el otro aunque el tampoco sepa quien es. Estas cosas nunca tendrán respuesta, pero lo maravilloso es que logremos vivir4 juntos inventando un puento que es el amor, la única posibilidad para tener conciencia de la identidad del otro y de la mías», explica.
-Si el hombre actual vive en medio de miedos diversos y además ignora quién es, ¿no conduce eso al terror5, al pánico?
El hombre como algo desechable
-El terror nos puede llegar por la amenaza de un persona, pero hoy constituye una especie de niebla que empapa la vida. El miedo a perder el trabajo no es consecuencia de la antipatía de un vecino. Nadie nace ladrón o asesino, sino un sistema que hace que el hombre se convierta en algo desechable. Cicerón terminaba todos sus discursos, tratasen de lo que trasen diciendo, «hay que destruir Cartago». Yo, y no porque sea marxista, repito lo que dijero Marx y Engels, «si el hombre es formado por las circunstancias entonces hay que formar las circunstancias humanamente».
Con respecto a la locura, Saramaco asegura, que el loco se ha pasado a otro mundo en el que él no osa entrar. Piensa, también, que los caminos de la mente son muy extraños a la vez que afirma que no escribe desde el amor sino desde el sosiego, aunque admite que el amor en su obra es una constante. Que el mundo sea como es y no feliz es lo que lo lleva a escribir, una convicción que le permite manifestar que «los novelistas vivimos de la infelicidad del mundo».
Saramago está de aucerdo con quien diga que en su nuevo libro se da una mayor austeridad, pero no cree que haya cambiado de estilo, que haya un nuevo Saramago. No le duelen prendas desdecirse del Saramago que unió «Ensayo sobre la ceguera», «Todos los nombres» y «La caverna», porque ahora donde puso este título sitúa «El hombre duplicado». Asiente si se le dice que en esta obra hya mayor austeridad, pero, atención, «si a «Memorial del convento» o al «Evangelio según Jesucristo» le quitara todos los adornos se quedaría en «El hombre duplicado»». Se muestra satisfecho de no encasillarse. Si cree, sin embargo, que existe cambio con respecto al tema a tratar, porque a partir de «Ensayo sobre la ceguera», «mi objetivo es la persona, antes lo era el colectivo».
La política, -«ay, la política», suspira-, no está nunca ausente de las preguntas en el entorno de Sramago. Ayer se le pidió que opinara sobre Bush, «el hombre más poderoso del mundo» y sobre Lula. «Mi primera duda, respondió, es que Bush sea el hombre más poderoso del mundo, porque en algunos casos es la marioneta cuyos hilos mueven los que le han puesto aonde está que son la industria armamentística y la petrolera. Hoy los Gobiernos no mandan y habría que preguntarse, y me repito como Cicerón,si hay democracia donde no mandan los democrátas. Y esto no ews subversión, sino la evidencia». Lula se le antoja una esperanza y considera una indignidad que se le llame efectista o populista. «La tarea que le espera es sobrehumana y no hay que pedirle milagros que no pueda hacer. Va a enfrentarse con instituciones que ya se cargaron a Iberoamérica. ¡Que no haya más FMI!», terminó.
José Saramago respondió cumplidamente a todas las preguntas que se le hicieron y quedó claro que es el hombre comprometido que dice lo que piensa y piensda lo que dice, sin que por eso deje de reconocer que no está en posesión de la verdad. Tiene su identidad y ya hace años, en cierta ocasión, alquien lo saludó en una noche portuguesa dándole el nombre de un conocido actor.No obstante, no era un duplicado exacto. Si le preguntan si se duplicaría responde afirmativamente. ¿El motivo? «Seguir viviendo con mi mujer»


