
Armillita cortó dos orejas en su despedida del coso de Insurgentes ABC
Por segundo domingo consecutivo, dicho esto con mucha pena, la Plaza México volvió a vivir un escándalo, cuando históricamente el juez de plaza devolvió cuatro toros que para el público no contaban con el trapío necesario para ser lidiados en la Monumental capitalina. Aquí el problema es que el juez de plaza, Ricardo Balderas, y su asesor aprobaron el martes pasado un encierro que a todas luces iba a tener problemas. Más aún cuando la inercia de lo sucedido el domingo anterior, tarde en la que también se devolvieron los toros, llevó al público de esta corrida a protestar más fácilmente lo que salía al ruedo.
Es una pena que el público, que llenó el tendido numerado y ocupó media entrada en el tendido general, consiguiendo llenar más de 35.000 butacas, llegara a la plaza con una gran emoción y saliera otra vez con una gran decepción, por la presencia del ganado. Lo del domingo tiene que ser un parteaguas para que las autoridades tomen cartas en el asunto y los jueces de plaza al reconocer los encierros rechacen todos los animalitos indignos de aparecer en La México, si es que no se la quiere convertir en una plaza de pueblo.
Aparecieron diez toros, siete de la ganadería titular de Julio Delgado, dos sustitutos de De Santiago y uno que fue lidiado en último lugar de la ganadería de Vistahermosa. Es una pena que en estas páginas tengamos que hablar así de una cruda realidad que a todas luces debe tener solución a partir de ya.
El contraste del bochornoso espectáculo lo dieron otra vez los toreros, como Miguel Espinosa «Armillita», quien dijo adiós a La México, realizando dos faenas en las que hubo detalles de clase como los que a lo largo de 27 años mostró en varias de las inolvidables actuaciones que realizara en este coso. Su primero fue débil y su segundo soso, por cierto dos astados que no fueron protestados. Terminó por cortar una oreja del toro de la despedida, de nombre «Tunero», con el que Miguel escuchó como hacía mucho no sucedía el grito de «¡torero, torero!».
El que está hecho un torero con letra mayúscula es Zotoluco, quien ayer con el toro bueno, como fue su primero, y el malo, como fue su segundo, dio muestras de que atraviesa por el mejor momento de su carrera. Realizó un par de faenas que le valieron cortar las dos orejas del segundo de la tarde y dejar las otras en el toro debido a sus fallos con la espada.
Enrique Ponce vino a torear dos toros de Julio Delgado y nada más los vio pasar, pues su primero fue sustituido por uno de De Santiago y el sexto fue cambiado hasta en dos ocasiones, primero por uno de De Santiago, que a su vez fue reemplazado por el de Vistahermosa. Ponce, contrariado, lo único que pudo mostrar fueron algunos destellos que el público aplaudió. Sin embargo, se quedó con las ganas de ver a quien es uno de los consentidos de la afición capitalina.



