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Interpretar al partido

En el Partido Popular dan por hecho que Aznar escuchará al núcleo duro de la direcciónantes deproponer sucesor y ven los primeros alineamientos por parejas:Ruiz-Gallardón con Rato, Zaplana con Rajoy y Arenas con Mayor Oreja

Actualizado 14/11/2002 - 23:57:41
José María Aznar
José María Aznar
MADRID. Ante la imprevisible posibilidad de que Aznar dé alguna pista sobre el proceso sucesorio antes del próximo verano, en el Partido Popular se han enredado ahora con un aparente debate público sobre el método de elección del candidato que ha abierto Federico Trillo -con marcha atrás- e intenta zanjar la dirección con la cita de unos estatutos que se limitan en su artículo 32 a fijar que corresponde a la Junta Directiva Nacional la designación del candidato a la Presidencia del Gobierno.
La cuestión es quién propone el nombre al máximo órgano del partido entre congresos -donde están diputados, senadores y las direcciones regionales del partido- y de eso nada dicen los estatutos. Se da por hecho que para eso está el presidente.El «método Perbes», aludido por el ministro de Defensa está descartado por el propio Aznar. En el verano de 1989 la dirección del partido -Francisco Álvarez-Cascos, Rodrigo Rato, Juan José Lucas y Federico Trillo- se presentó en la residencia veraniega de Fraga para instarle a nombrar candidato en la figura de José María Aznar. Estaban los cuatro de acuerdo y sabían, además, que era el favorito de «Don Manuel». No hubo entonces discusiones. Desde 1990 todas las grandes decisiones del PP las ha tomado Aznar de forma personal y como los errores, al margen de algún nombramiento de ministros, han sido muy escasos, las discrepancias se llevan, hasta ahora, con suma discreción.
En el Partido Popular predomina la idea de que Aznar, llegado el momento, escuchará a todos los miembros del llamado «núcleo duro» -Rajoy, Rato, Mayor, Arenas, Álvarez-Cascos, Acebes y el propio Fraga- más a «los fontaneros» de La Moncloa próximos, pero eso no quiere decir que vaya a abrir una ronda de consultas y menos que pueda ser vinculante. En algunos sectores destacan que después el proceso será automático. Sea quien sea el elegido por Aznar, todos cerrarán filas.
En otros medios señalan que el presidente del Gobierno tendrá que ser el «intérprete» del sentir del partido representado en la Junta Directiva Nacional y que el tiempo y el asentamiento de Zapatero como aspirante de la oposición no le deja ya margen alguno para las sorpresas. La responsabilidad recaerá en unos de los tres vicesecretarios: «Rajoy, Rato o Mayor».Lo de menos, dicen, serán los resultados de las encuestas sobre «valoración de líderes». Y añaden: «se decide al candidato del partido, no al heredero de Aznar, que ya ha dejado claro que él no ejercerá tutela alguna sobre el sucesor, que no hará como González con Almunia».
El sucesor debe heredar los votos del PP de 1996 y los de 2000, los conseguidos con la buena labor de Gobierno en la primera legislatura. Aznar, recuerdan en fuentes del PP, no destacó nunca por caer simpático ni triunfó en las clasificaciones de valoración de líderes de los sondeos como González. Sí que se ha cultivado una imagen de seriedad, eficacia y solvencia, según las encuestas del CIS.
El reto del sucesor no es rivalizar en simpatía personal con José Luis Rodríguez Zapatero, sino ofrecer una línea de continuidad con la gestión de Aznar al frente del Ejecutivo.
Después de disfrutar de casi media legislatura sin oposición real, en el PP aseguran que ya se han recuperado del desconcierto producido por los últimos éxitos de Zapatero. Pero también que el ascenso del secretario general del PSOE condicionará la elección del sucesor, pues con un jefe de la oposición al alza deberá medirse un candidato que sirva de contrapunto al estilo del dirigente socialista.
Aunque la consigna general es evitar cualquier alusión al problema sucesorio, la cuestión impregna cada acto del partido, cada intervención parlamentaria de los aspirantes y cualquier actuación de éstos en sus respectivos ministerios. Y como Aznar no da pistas, se dibujan los primeros alineamientos. Aunque todos repitan «será quien proponga Aznar», entre los dirigentes regionales y en el grupo parlamentario del Congreso vuelve a predominar la teoría «tradicional» de la sucesión según la cual Rato es el heredero «natural» de Aznar una vez que ha dejado claro, al menos a sus partidarios, que está en la carrera. Pero entre los «monclovitas» se apunta que Rajoy es ya el «número dos» y en Génova que la popularidad general de Mayor Oreja no debe ser olvidada. Nada nuevo. Lo último es la teoría de las parejas: que Ruiz-Gallardón está con Rato, Zaplana con Rajoy y Arenas, más antiguo, con Mayor Oreja. Y así hasta el próximo otoño.
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