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«Unos días ganamos 100 euros, otros nada»

POR DAVID PERIS-MENCHETAFOTOS: JOB VERMEULENBARCELONA. «Todos empezamos igual tío, al llegar buscamos a un paisano que nos ayude. Y las opciones de trabajo, sin papeles y sin hablar español, son

Actualizado 14/09/2008 - 11:17:29
Edmon, Moussa y Mamadou -que junto a otros compatriotas forman una tupida red de solidaridad- venden indistintamente en Terrassa y en Barcelona  «Nunca nos aburrimos, a pesar de todo somos felices siendo pobres»
Edmon, Moussa y Mamadou -que junto a otros compatriotas forman una tupida red de solidaridad- venden indistintamente en Terrassa y en Barcelona «Nunca nos aburrimos, a pesar de todo somos felices siendo pobres»
«Todos empezamos igual tío, al llegar buscamos a un paisano que nos ayude. Y las opciones de trabajo, sin papeles y sin hablar español, son siempre las mismas: o te pones a vender droga, o vendes CD´s. No hay más». El problema de fondo de la mayoría de subsaharianos que cada año se suman a la lista de «sin papales» es, después de la pobreza, el concepto idealizado que tienen de Europa. Antes de recalar en nuestras costas, soñaban con un paraíso donde el recién llegado tiene trabajo asegurado, donde no existe la miseria, donde todo el mundo tiene, al menos, una oportunidad.
La historia siempre se repite
«Hay casos de algunos que han llegado y se vuelven en seguida. Aunque, normalmente, la mayoría se queda intentando conseguir sus sueños. Pero todos nos arrepentimos de haber venido». Quien habla es Edmon -nombre ficticio-, uno de los tres «top manta» senegaleses que protagoniza este reportaje. Junto a él se encuentran Moussa y Mamadou, dos jóvenes de tan sólo 25 y 21 años respectivamente, los cuales llevan cerca de un año y medio viviendo en Cataluña y que, a diferencia de Edmon, no hablan español.
¿Cómo es posible que se repita continuamente la misma historia? «En parte la culpa es nuestra tío. Cuando estamos en nuestro país y uno ha vuelto de Europa con algo de dinero, pensamos que le ha ido bien. Además, para nosotros contar lo que aquí vivimos es como una vergüenza. El problema es que o no decimos nada o decimos que ha ido bien, y es mentira». De los más de siete millones de africanos que se estima viven en situación irregular en la Unión Europea, poco se sabe. Y sobre las muchas personas que se ganan la vida vendiendo CD´s por la calle, el desconocimiento sobre cómo viven o de que manera afrontan su situación es aún mayor.
A pesar de haber escapado de la miseria que reina en África -jugándose la vida en una patera- para recalar en la miseria del «cuarto mundo», el rasgo más característico de los tres «top manta» contactados para este reportaje es, pese a todo, el optimismo que desprenden. Y un potente sentido del humor.
«Nosotros nunca nos aburrimos, a pesar de todo somos felices siendo pobres. Lo mejor que tenemos es estar juntos, como en Senegal, pero estando aquí», explica Edmon sonriente. Otra de las impresiones es la de que se protegen y se sienten protegidos por ellos mismos, formando una pequeña comunidad que cada día se transforma. La red de apoyo para muchos «top manta» que se encuentran en una situación precaria está formada por ellos mismos. Siguiendo con la red de solidaridad africana, el recién llegado no paga el alquiler hasta que pasan uno, dos o tres meses, momento en el que habitualmente ya ha podido reunir una pequeña cantidad de dinero.
La Asociación Catalana de Residentes Senegaleses de Terrassa, por ejemplo, que está formada por personas de este país subsahariano, se dedica «a buscar una casa al que no tiene un lugar donde vivir. En algunas conviven hasta siete, ocho, nueve o más personas. Es la única manera que tenemos de pagar el alquiler, que normalmente es de unos 150 euros para cada uno», especifica Moussa.
De empleo, «top manta»
Los tres entrevistados se dedican a la manta. «Es muy simple tío. Cada mañana, antes de ir a trabajar, pasas por el piso donde copian los CD para ver si ha salido algo nuevo, la gente siempre quiere comprar lo último», explica Moussa, quien, al igual que sus compañeros, vive en Terrassa y suele trabajar tanto en esa localidad como en Barcelona. Y después, sobre las once de la mañana, que es cuando «suelen empezar las compras», a la calle. En cuanto al precio de coste, cada unidad la pagan a 50 céntimos, ya sea CD o DVD. «Nosotros vendemos tres por diez euros. Los días más buenos podemos ganar hasta 100 euros tío, pero también hay muchas veces que pasamos hasta tres o cuatro días sin vender nada».
Sobre la zona donde se «faena», por decirlo de algún modo, si resulta que ya hay más personas vendiendo «no importa, nos ponemos juntos y ya está. Para nosotros, la preocupación siempre es por la policía, siempre se pasa mucho miedo y nunca sabes qué es lo que va a pasar». Otro de los problemas a los que se enfrentan a diario es el de no saber a qué tienen derecho y a qué no. «¡No tenemos ni idea! Aunque sabemos que es ilegal, nadie nos ha explicado cómo funcionan las cosas. Cuando nos detiene la policía nos llevan al calabozo dos o tres días y cuando nos sueltan nos dicen que no lo hagamos más. Y ya está. Pero otras veces se quedan los CD´s que les gustan y nosotros no podemos denunciar porque no tenemos papeles y nos da miedo: siempre es lo mismo».
En cuanto al racismo, se rompen algunos tópicos: «En realidad hay muy poco. Aquí lo que hay es uncomplejo de superioridad enorme. La mayoría de la gente, cuando se encuentra con un negro y piensa que es de Estados Unidos, le trata de una manera. Pero si saben que es de África y que no tiene nada, simplemente le ignora» asegura Mamadou, que hasta el momento se había dedicado a observar en silencio.
El futuro
«Todos queremos volver» y, sin embargo, muchos aplazan indefinidamente su regreso. «La mayoría estábamos mejor en nuestro país, y aunque seguíamos siendo pobreshaciendo un trabajo pequeño, al menos era un trabajo digno». Sin embargo, la mayoría tarda una eternidad en volver -si es que vuelve-.
Esta contradicción es el efecto de los dos problemas antes mencionados: la pobreza y el sentimiento de vergüenza. «El momento para irse es cuando se ha reunido el dinero suficiente para poder, por ejemplo, comprar una casa. Pero sobretodo cuando se tienen papeles», explica Edmon. Esta contradicción, que alarga indefinidamente una estancia penosa en un país ajeno, es, además, tramposa. Muchos de ellos se quedan pensando que al final conseguirán un trabajo que les permitirá volver a sus países con algo de dignidad.
Pero para ello necesitan papeles, los cuales también necesitan para regresar a Europa si la escasez así lo vuelve a exigir. Es como un pez que se muerde la cola: sin papeles no hay un buen trabajo y sin trabajo no hay dinero. Y sin ninguna de las dos cosas, es muy difícil volver. Así, una y otra vez,«la mayoría se queda intentando conseguir sus sueños».
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