
Una mujer realiza una autoexploración en sus mamas. ABC
La revista médica «The Lancet» publica esta semana una revisión de estudios en la que se ha comprobado que no se ha estado perdiendo el tiempo y que los tratamientos con los que se combate el cáncer de mama realmente ofrecen una oportunidad a sus pacientes. Este efecto añadido explicaría por qué las tasas de mortalidad han caído desde los años 90 en Estados Unidos, Europa y otras regiones desarrolladas. La quimioterapia y el tamoxifeno (un fármaco utilizado en los casos de cáncer de mama que muestran receptores hormonales positivos) se han convertido en el mejor aliado del oncólogo después del bisturí. La cirugía elimina el tumor, pero podrían quedar células cancerígenas indetectables con capacidad para provocar una recaída a los cinco, diez o quince años siguientes. Para evitar la recurrencia se recurre a la quimioterapia o a la terapia hormonal con tamoxifeno. Este esquema de tratamiento es el que ha evaluado el estudio de «The Lancet» con más de 145.000 mujeres que fueron reclutadas en 200 ensayos clínicos de 24 países diferentes. Todas las pacientes habían sido diagnosticadas precozmente y en algunos casos el cáncer había empezado a extenderse a los ganglios linfáticos próximos, sin que la enfermedad afectara a otros órganos. Todas las mujeres habían pasado por el quirófano para extirpar el tumor y en ciertos casos habían recibido quimioterapia. Otras sólo recibieron tratamiento hormonal y en algunos casos ambos. Beneficios a largo plazo La revisión del grupo cooperativo de Ensayos Clínicos de Cáncer Precoz deja patente que los fármacos de apoyo a la cirugía ganan años de vida para las pacientes. Por ejemplo, una mujer de menos de 50 años con un tumor suficientemente grande como para notarlo si no ha invadido los ganglios linfáticos, podría tener un 25 por ciento de posibilidades de morir en los siguientes 15 años si sólo se extirpa el tumor. En cambio, añadiendo quimioterapia y terapia hormonal reduciría su riesgo a un 11,6 por ciento. Se vio que seis meses de quimioterapia reducen la mortalidad en un 38 por ciento en mujeres de menos de 50 años y en un 20 por ciento a las de mayor edad. En supervivencia a largo plazo es donde la quimioterapia logra un beneficio absoluto a los 15 años, más del doble que en los cinco primeros años de seguimiento, sobre todo en mujeres jóvenes. Lo que significaría que los beneficios del tratamiento se incrementarían con el paso de los años. Con la ayuda añadida del tamoxifeno el beneficio se triplica. El problema es que este fármaco, que bloquea los efectos de los estrógenos, sólo ayuda al 60 por ciento de las mujeres con tumores sensibles a estas hormonas. La situación es diferente cuando el estudio analiza la recurrencia o recaídas de las pacientes. En este caso, los mayores efectos de la quimioterapia y el tamoxifeno se obtienen durante los primeros 15 años de evolución de la enfermedad. Demostraría, por tanto, que estas terapias serían capaces de curar a un porcentaje considerable de mujeres con cáncer de mama en sus fases iniciales. El estudio también ayuda a acabar con muchos de los temores de las pacientes, como la toxicidad de la quimioterapia y el tamoxifeno. De hecho, el riesgo de muerte relacionado con la toma de estos fármacos alcanzó sólo el 0,2 por ciento. La utilización de la quimioterapia ha variado a lo largo del tiempo. En los años 80, cuando arrancaron algunos estudios, no había suficiente evidencia científica para asegurar a las pacientes que necesitaban un tratamiento de apoyo después de la cirugía. Incluso algunos oncólogos argumentaban que los enfermos no deberían exponerse a la alta toxicidad de la quimioterapia. Para Sarah Darby de la Universidad de Oxford, autora principal del estudio, los resultados obtenidos son suficientes para «animar» a las mujeres por el progreso alcanzado. «Lo que importa es que la mortalidad desciende», asegura. De la misma opinión es Susan Love, oncóloga especializada en cáncer de mama de la Universidad de California (EE.UU.): «Una de las grandes preocupaciones de las pacientes es saber si realmente estos tratamientos las está curando o realmente dejan fuera de juego la enfermedad durante un tiempo. Ahora sí que les podemos decir que algunas personas realmente se curan», explicó al «The Washington Post». La crítica que se puede hacer al trabajo es que se trata de un meta-análisis, es decir un tipo de investigación estadística que se realiza a partir de muchos ensayos clínicos, realizados en diferentes hospitales y con pacientes con perfiles diferentes, por lo que es difícil llegar a conclusiones para enfermos concretos. Tampoco se incluyó en el estudio a un número suficiente de mujeres mayores de 70 años, pese a ser un grupo representativo importante en la enfermedad.



