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«Nuestro premio es una sonrisa, no una medalla»

POR MANUEL FRÍASMADRID. El equipo, amadrinado por Blanca Fernández-Ochoa, está formado por siete chicas que destacan como futuras promesas de esta especialidad y entre las que se encuentra Irene

Actualizado 14/04/2008 - 05:55:50
POR MANUEL FRÍAS
MADRID. El equipo, amadrinado por Blanca Fernández-Ochoa, está formado por siete chicas que destacan como futuras promesas de esta especialidad y entre las que se encuentra Irene Villa. Junto a ella están también Begoña Gerbolés, Esther Peris, Nathalie Carpanedo, Vicky González, Mariluz del Río y Teresa Silva. Para ésta última «es un sueño hecho realidad hacer posible que exista una categoría femenina en la competición de esquí alpino adaptado para discapacitados físicos. Nos encantaría poder convertirnos en cantera de la selección nacional y que algunas de nosotras pueda convertirse en paralímpicas, como ya lo son algunos de nuestros compañeros del equipo masculino».
El equipo Santiveri está dirigido por la Fundación También, que creó Teresa Silva, su directora actual. Se podría decir que los orígenes de esta Fundación se remontan a 1989, año en el que Teresa Silva, integrante de la selección española de parapente, sufrió un accidente durante un entrenamiento preparatorio para el Mundial, que le ocasionó una paraplejia que le obligó a utilizar silla de ruedas en sus desplazamientos. Tenía entonces 30 años.
«Jamás crees que una cosa de esas te puede pasar a ti. Ves cómo cambia tu vida en un segundo. Entonces me hubiese gustado que existiese una organización como ésta para que me ayudase», dice.
A raíz de su accidente comprende que practicar deportes en España como la vela, el esquí, el ciclismo o el vuelo es algo imposible para una persona con discapacidad física.
En 1998 se inicia en el esquí alpino adaptado hasta que en diciembre de 2000 crea la Fundación También.
«Desde el año 2001 la Fundación trabaja en la integración social de las personas con discapacidad a través del deporte adaptado, para que puedan ocupar su tiempo libre de una forma medianamente normalizada proporcionando el material adaptado, la logística necesaria y las subvenciones posibles que cubran los gastos que se generan. Hay que considerar que la falta de instalaciones accesibles, de personal especializado y el alto coste del material adaptado hacen muy complicado la práctica del deporte adaptando en nuestro país».
Todo lo que han conseguido hasta ahora ha sido gracias a la aportación privada. «Nosotros no estamos en el engranaje político. El equipo paralímpico tiene ayudas de la Administración y de los planes ADO creados. Hay que apoyarles a muerte, pero nosotros trabajamos el día a día y no podemos perder tiempo en reuniones, comisiones, etc. No te puedes sentar a esperar que la Administración llegue. Entre otras cosas porque, por ejemplo, el deporte adaptado no está en las escuelas y depende de Cultura y Deporte, donde casi no existimos, no de Asuntos Sociales».
Hacia la integración total
«El fin último no es el de crear «super womans» ni grandes campeones. Nuestro premio es una sonrisa, más que una medalla, un salario o un reconocimiento profesional. Queremos que los discapacitados se den cuenta de que pueden seguir haciendo cosas. Con el esquí alpino, por ejemplo, nos sentimos igual de libres que los deportistas llamados válidos. Incluso esquiamos a mayor velocidad. Para integrarse en el mundo laboral hay que tener ánimo, confianza en ti. Por eso es importante salir e intentar hacer cosas, que la gente lleve su discapacidad de la manera más normal posible».
La Fundación También atiende a una media de tres mil beneficiarios al año y no existe ninguna restricción para la participación en las actividades, si bien se da prioridad a la infancia, al grado de discapacidad y a los recursos económicos del discapacitado.
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