
Benedicto XVI recordó ayer la importancia de la adoración de la Eucaristía, que debe formar parte de la preparación espiritual de los seminaristas y de las devociones de los fieles. En la primera audiencia a la Congregación para el Culto Divino y los Sacramentos bajo la guía del cardenal Antonio Cañizares, el Papa agradeció al prelado español sus cariñosas palabras de saludo y la presentación de los trabajos realizados estos días en Roma.
El Santo Padre recordó al departamento responsable de la Liturgia la importancia de «promover la fe en la presencia real del Señor en la Santa Eucaristía, y de asegurar a la celebración de la Santa Misa toda la dimensión de adoración».
Benedicto XVI recordó que ya Juan Pablo II había denunciado «las desviaciones que empañaron la renovaciónlitúrgica posconciliar, revelando una comprensión reductiva del misterio eucarístico», y que el Sínodo de Obispos de octubre del 2005 manifestó «preocupación por una cierta confusión, creada después del Concilio Vaticano II, sobre la relación entre la Misa y la adoración del Santísimo Sacramento».
El discurso de ayer a los cardenales y obispos de la Congregación responsable de Liturgia, forma parte de una trayectoria catequética que Joseph Ratzinger mantiene desde hace dos décadas para evitar que se pierda el sentido de la presencia sobrenatural de Dios y la actitud de adoración.
En esa línea, Benedicto XVI ha insistido desde el comienzo de su Pontificado en que se cuide la dignidad de las ceremonias litúrgicas, especialmente la Misa y todo lo relacionado con la Eucaristía. En su primera Jornada Mundial de la Juventud, celebrada en Colonia en agosto del 2005, el Papa y un millón de jóvenes adoraron en silencio la Eucaristía durante una vigilia nocturna que impresionó a todos los participantes por la presencia de lo divino.



