«A media mañana me tomo una mandarina y un kiwi. Y luego tiro hasta la cena que me hace mi chico. Bueno, ahora no, que está en Haití». Trinidad Jiménez García-Herrera (Málaga, 1962), hija de un magistrado y una trabajadora social, tercera de nueve hermanos, es la única ministra socialista que tiene el corazón «partío» entre dos presidentes, a cual más amigo: Felipe González y José Luis Rodríguez Zapatero. Del primero fue asesora en la Internacional Socialista, y ayudó a aupar al segundo, junto con otros compañeros, al olimpo de los dioses políticos, como anfitriona de reputadas meriendas en su antigua casa del Paseo del Rey, en Madrid. Y a ambos los reunió para que se conocieran el jueves santo de 2000 en el piso donde González, tras la derrota, guardó los bonsáis, antes de donarlos al Jardín Botánico.
«Voy a poner el móvil en silencio porque si no, no podemos charlar tranquilamente», dice, a modo de saludo a ABC, mientras avanza por su despacho del paseo de El Prado, tras una jornada de infarto que comenzó doce horas antes, con una reunión de trabajo, pórtico del «trinimaratón» que ilustra estas páginas. Le trae buenos recuerdos a la titular de Sanidad lo de «trinimaratón», pues evoca su campaña como candidata a alcaldesa de Madrid en 2003.
-Fueron 70 actos en siete días, y siempre me acordaré de uno de ellos al que me acompañó Felipe [González]. Recuerdo que me dijo que hacía 25 años que no paseaba por Madrid, y que le gustó mucho hacerlo. Fíjese que terminamos tomando café y bollos en «La Mallorquina» [cafetería castiza del centro de Madrid]. Trinidad Jiménez sonríe. Pero eso es casi un pleonasmo. Siempre sonríe, aunque la periodista le traiga a la memoria una campaña infructuosa para mover de la foto a Gallardón, o le pregunte por una chupa de la que...
-¿No quiere acordarse?
-No me importa. Recuerdo que me sentí sobrepasada por la polémica porque nunca imaginé que el llevar una determinada prenda pudiera provocar semejante debate.
Y tanto que lo provocó. En la moviola que ambas ponemos en marcha aparece una bisoña candidata municipal, vestida para un cartel preelectoral, con una cazadora de cuero de la exquisita firma Javier Simorra, aunque comprada en rebajas, aclara.
-¿La conserva o la ha mandado al trastero?
-Claro que la conservo. Además, la uso, pero como se identifica muy bien, suelo ponérmela los fines de semana. Nunca para trabajar.
-Pero yo recuerdo que usted se enfadó bastante con lo que se dijo...
-No, lo que pasa es que ante la deriva de la polémica, en la que todo el mundo opinaba, quise hacer un gesto de autoafirmación. Por eso dije que la llevo porque es mía. Que es una forma de decir que la llevo porque me da la gana.
La ministra es reclamada por un asesor para que conteste el teléfono. Y es que, en efecto, quitó el sonido del móvil. «Hola consejero ¿qué tal estás?»
Relación con Güemes
No es propósito de la periodista atender a conversación ajena, pero a Trinidad Jiménez no parece importarle que ABC conozca que su interlocutor es Juan José Güemes, titular de Sanidad de la Comunidad de Madrid. Quizá porque no tiene nada que ocultar. Esa misma mañana ha recibido públicamente a los líderes sindicales madrileños para hablar del Área Única Sanitaria, objeto de polémica entre las dos Administraciones y sobre la que departen vía telefónica. La despedida, con broche amable -«un beso, consejero»-, demuestra que hay «buen rollo» entre ambos. Y es que Jiménez no esconde que tiene relaciones fluidas con antagonistas políticos.
-Hombre, yo no ceno todos los días con ellos, pero si algo he demostrado es que no soy sectaria.
Tanto es así que la ministra confiesa que no está adscrita a ninguna familia o grupo de ministros. «Me llevo bien con todos. Y, como tengo una labor transversal, pues la relación es amable con ellos», afirma. Capítulo aparte merece, no obstante, su compañera Bibiana Aído; quizá porque ha sido objeto de las críticas más aceradas, cierra filas con ella.
-Mire, a mí me gusta mucho Bibiana. Es una mujer muy capaz, muy valiente, y con una gran capacidad política. Creo que se ha sido muy injusto con ella; han entrado en comentarios personales que han sobrepasado la crítica política.
En el Consejo de Ministros la interlocutora de este periódico es simplemente Trini. Bueno, y en el PSOE, y en el PP, y entre los periodistas, y en su familia... Familia a la que desde octubre de 2008 se ha sumado su pareja, un cámara de TVE llamado Miguel Ángel de la Fuente, amante como ella de la discreción. Tiene una familia de raigambre judicial: su padre fue el primer magistrado de la Sala de lo Militar y su tío es el fiscal Jiménez Villarejo. Y su primo lejano es el mismísimo fiscal y alcalde Alberto Ruiz-Gallardón, con el que se batió en las urnas hace siete años:
-En la disputa Esperanza-Gallardón, usted que los conoce muy bien a ambos, ¿por quién apuesta?
-Por ninguno. Elegir entrañaría necesariamente una posición política dentro del enfrentamietno que ellos viven. Y no quiero entrar en ese juego que sólo les pertenece a ellos y al PP.
Sin embargo, no duda en solidarizarse con cualquier mujer, aunque milite en otras filas, que haya sentido en su nuca el soplo nauseabundo del machismo. «Yo no creo que España sea más machista que otros países -asegura- pero sé que he llegado donde estoy porque otras mujeres han luchado por nosotras previamente. Me siento privilegiada pero he tenido que aguantar muchos comentarios machistas».
En todo caso, a Trinidad Jiménez tampoco le importa que se hagan comentarios sobre su ropa «siempre -matiza- que sean comentarios tangenciales. Somos personas públicas y al ciudadano le gusta conocer al político y a la política de forma más amplia». Con esta bula parcial que ofrece la ministra, es el momento de describirla: traje negro de seda, collar de perlas, blusa blanca y uñas largas perfectamente maquilladas «a la francesa». Pero, de todo el envoltorio, lo más llamativo es su melena, que lava todos los días y cuida con primor. La ministra repasa, en presencia de ABC, un ejemplar del D7 de la semana pasada, donde dos estilistas eligen su «frankenstein» de político y política ideal. Para el personaje femenino opta Antonio Serrano, experto en imagen de Shiseido, por la cabellera rubia de Jiménez. Aunque sólo elige el pelo, un primer vistazo al trabajo de mis compañeros Teresa de la Cierva y CG. Simón, hace pensar en que se trata de la entrevistada: «Eso demuestra -concluye la ministra- lo determinante que es el pelo en la imagen de una persona».
Hemos dejado para el final las cuestiones más serias, que no faltan en el Ministerio. Lo primero, la gripe A, que tantos quebraderos de cabeza le deparó a su titular en los albores del nombramiento.
-La OMS está en el punto de mira de la Organización Médica Colegial española por su excesivo celo ante este virus. ¿Usted con quién se alinea? ¿Cree que la OMS exageró por razones espurias?
-Es muy fácil hacer las críticas ahora. Pero lo difícil era gestionar una pandemia global, como hizo la OMS. Que después se pudieron mitigar los efectos; que después el virus no fue tan agresivo, sí, pero también hay que saber que los primeros datos de fallecimientos eran de personas con patología de base, pero también de adultos sanos.
-¿Y en España?
-Hemos tenido cuatro mil casos graves. Si no hubiéramos tenido capacidad de prevención, ¿qué hubiera pasado con esas personas?
-¿Está Zapatero en el ocaso de su carrera, con esta crisis económica?
-Por supuesto que no. La que no está a la altura es la clase política. A mí me gustaría que con esta crisis se demostrara fortaleza de país. No esperan lo más mínimo para las críticas. Hay una sensación de que todo vale contra Zapatero.
-¿Pero Zapatero acaba aquí?
-Tengo la oportunidad de hablar con él con frecuencia. Conozco su fortaleza, su templanza...Pero es normal que la reacción ciudadana se vuelva contra el presidente.
Y en la despedida, algunas confidencias: una bicicleta estática en casa de la ministra para ejercicios cardiovasculares; unas prendas básicas compradas en Zara, «y algún capricho de Adolfo Domínguez o Roberto Verino». ¡Ah!, y un vinito por el corazón de ese Madrid en el que un día pudo reinar.




