domingo, 22 de noviembre de 2009
Valoración:
Bami es un barrio que, sobre todo por el día, vive una actividad frenética, casi de infarto, en cuanto a tráfico se refiere, debido, entre otras cosas, a la cercanía del hospital Virgen del Rocío. Y
14-1-2007 10:55:01
Bami es un barrio que, sobre todo por el día, vive una actividad frenética, casi de infarto, en cuanto a tráfico se refiere, debido, entre otras cosas, a la cercanía del hospital Virgen del Rocío. Y como en todo barrio donde los coches se amontonan en las calles, no faltan multitud de «gorrillas» que hacen de las indicaciones a los conductores su oficio particular. Si las prisas nunca son buenas consejeras, acudir a esta zona de Sevilla e intentar buscar un estacionamiento con urgencia sin que te «asalten» se antoja una tarea harto complicada, tal y como ha comprobado ABC en seis intentonas de aparcamiento gratuito a lo largo de toda una mañana, con resultados de lo más variopinto y con unas escenas casi esperpénticas.
Primer intento
Entrando a Bami por la calle Marqués Luca de Tena y girando a la derecha se encuentra la calle rotulada con el mismo nombre del barrio. Se trata de uno de los emplazamientos más concurridos de la zona por su extrema cercanía a la ciudad sanitaria. Tras rodear dos veces este sector encontramos un aparcamiento flanqueado por un «gorrilla» que con mano alzada hace indicaciones para que aparquemos. Después de hacer caso omiso a sus recomendaciones, paramos el motor y salimos del vehículo emprendiendo la marcha a pie sin prestar la más mínima atención al «gorrilla». Sin poder dar más de cuatro pasos, al ver que no le soltamos el «impuesto revolucionario», el susodicho lanza insultos desmedidos.
Segundo intento
Ancha es Castilla, y la calle Bami. Tras el primer cruce, un nuevo estacionamiento se abre ante nosotros. Evidentemente también está vigilado. Tras aparcar, llevamos a cabo la misma jugada que anteriormente. El nuevo individuo que controla esta parcela del barrio se muestra más prudente que el anterior y suelta, descarada pero educadamente: «si no me vas a dar nada, pon el coche un poquito más atrás que ahí cabe otro».
Tercer intento
Después de poco más de media hora por la zona hemos conseguido aparcar un par de veces con resultados distintos, pero sin dejar de vigilar el coche por lo que pudiera pasar. En un nuevo giro a la izquierda alcanzamos la mitad de la calle Castillo de Utrera. Ni un sitio libre y repetición de la jugada: dar vueltas hasta conseguir cumplir nuestro objetivo. Al menos en esta calle, no hay «gorrillas» en la costa. Algo que parece obvio al no encontrar ni un hueco libre. Tras diez minutos, coche que se va y aparcamiento al canto. Por primera vez hemos detenido nuestro vehículo por méritos propios y sin soportar la atenta mirada de un sujeto que no busca otra cosa que conseguir algunas monedas.
Cuarto intento
El final de Castillo de Utrera obliga a girar a la derecha por la calle Castillo Alcalá de Guadaíra. Esta zona se encuentra impracticable, incluso en las esquinas hay vehículos que entorpecen el acceso a las aceras. Existen indicios de mucho movimiento porque observamos a un «gorrilla» bastante atento a la jugada. Una furgoneta aparca delante nuestra. Seguimos circulando y encontramos un nuevo aparcamiento. El individuo, tras cobrar al conductor de la furgoneta, se aproxima corriendo hacia nosotros gritando «ahí está bien jefe, ahí está bien». Como si de un fantasma se tratara pasamos de él para comprobar su reacción. «Yo estoy aquí trabajando para ganarme el pan para que aparques por la cara en mi calle», nos vocea.
Quinto intento
Montándonos nuevamente en el vehículo para evitar el confrontamiento con este «gorrilla» que se muestra con actitud chulesca, proseguimos con el itinerario previsto. Al final a la derecha se abre Castillo de Cortegana. Una calle que provoca una grata sorpresa al divisar varios sitios libres, de coches y de vigilancia. Aparcamos sin problema alguno y sin que nadie se acerque a cobrar. Después de más de una hora en el barrio destaca una elevada presencia de aparcacoches, mezcolanza de «gorrillas» y vovis.
Sexto intento
Tras un rodeo más nos damos de bruces con la calle Rafael Salgado en dirección a la clínica Sagrado Corazón. En ésta, una paradoja: sólo una calle para un vovis y dos gorrillas. Para evitar la polémica debido a la cercanía de las tres personas, optamos por no detenernos e intentamos buscar refugio a nuestro vehículo en otro lugar.
Eran poco más de las 10 de la mañana cuando llegamos a Bami y no fue hasta las 12 del mediodía cuando enfilamos Rafael Salgado. Las dos horas han dado para conocer varias situaciones, cuanto menos, curiosas.

Enviar a:

¿qué es esto?



Ir a la edición seleccionada
Vocento Aviso Legal   Alianza Europea de Diarios