sábado, 20 de marzo de 2010
Valoración:
¿Habría que impedir el cierre de los cines tradicionales?Ha muerto, a los 52 años, otro cine. El de las dos columnas. El Benlliure. A modo de esquela, un cartel de «cerrado» en cada una de sus puertas
14-1-2007 10:11:53
Ha muerto, a los 52 años, otro cine. El de las dos columnas. El Benlliure. A modo de esquela, un cartel de «cerrado» en cada una de sus puertas doradas y en sus dos taquillas, cuya vieja cortinilla ya no volverá a descorrerse. De nada le sirvió su intento por adaptarse a los nuevos tiempos. «Local dotado de equipos de sonido Dolby Stereo Digital», informaban varias pegatinas.
El agujereado terciopelo rojo que servía para colocar los carteles de las películas ha quedado desnudo. Como único resto, alguna pequeña chincheta en las esquinas. La bandeja plateada en la que las taquilleras cambiaban dinero por entradas empieza a acumular polvo. Y basta con pegar la nariz al cristal de las puertas para percatarse de su reciente abandono: colillas y vasos vacíos de refresco en el suelo, una silla y escritorio cubiertos con plástico, las puertas de sus dos salas cerradas a cal y canto...
Será una librería
Pronto sus butacas serán arrancadas para colocar estanterías de libros. «Si lo cierran para abrir una librería no me parece del todo mal», explicaba Alicia Gallego, vecina. Al instante, después de echar un vistazo a su alrededor, se negaba a sí misma: «Ahora que lo pienso es absurdo. Ya hay una en aquella calle -señalaba a una intersección-, otra a unos metros de aquí, en esta acera...». «¿Que lo han cerrado? Vive Dios... con lo bueno que era, qué pena. Era de lo mejorcito del barrio. ¡Siempre tiendas, tiendas y más tiendas!», lamentaba otra vecina mayor en el momento en que se enteraba del cierre del Benlliure, su cine de siempre, el de Alcalá, 106.
Hasta hace tres días, las carteleras aún informaban de qué dos películas se proyectaban en sus salas. Su lugar estaba debajo del cine Avenida, pero ya ha sido desterrado. En su lugar, al que precedía, el Callao.
Obsesión, su primera película
La gran pantalla del Benlliure se estrenó con Rock Hudson y Jane Wyman. Era el 22 de noviembre de 1954. La película era Obsesión, de Douglas Sirk. El precio de las entradas, 4 y 9 pesetas, según localidad. Por aquel entonces, el cine sólo tenía una gran sala de 1.500 butacas. Treinta y siete años después, el 22 de noviembre de 1991, ésta se dividiría en dos. La parte de abajo se convirtió en la sala 1, con 796 salas. El piso superior, el anfiteatro, sería la sala 2, con 704.
Las dos pantallas se apagaron para siempre hace una semana, después de los créditos de alguna sesión nocturna. Las películas que tuvieron este siniestro honor fueron Happy Feet y Déjà Vu.
El vestíbulo, intocable
La librería que ocupará este céntrico local, en plena calle de Alcalá y cuyo arquitecto fue Manuel Muñoz Monasterio, deberá respetar algunos de los elementos de su estructura, como el vestíbulo, caracterizado por las dos columnas y la escalinata de acceso.
En octubre, ABC ya denunció que en los últimos tres años habían cerrado once cines del centro de la capital. Su desaparición se debe, informan los dueños de las salas de exhibición, a una reforma que llevó a cabo el Ayuntamiento en el Plan General de Ordenación Urbana. Hasta el año 2004, los edificios singulares protegidos -como es el caso de muchos cines- sólo podían servir como salas de proyección. Sin embargo, en enero de 2005 se autorizó a cambiar la gran pantalla por cualquier tipo de actividad con la única condición de que se respetara la estructura del edificio.
Esta decisión supuso la pena de muerte para cines como el Azul, Bilbao, Fuencarral, Alcalá Multicines, Aragón, Tívoli, Cristal, Cinestudio Bogart, Cinema España, Novedades y Luna.
Hay un dato más sobrecogedor. Durante el siglo XX, Madrid llegó a tener 584 salas de cine. Hoy, con la desaparición del Benlliure, quedan sólo 29. Y el cierre inmediato amenaza a muchas de ellas, como es el caso de cines tan emblemáticos como el Palacio de la Música o el Avenida, en Gran Vía. La mayoría de sus locales han servido para grandes cadenas de ropa o supermercados. En el mejor de los casos, se han reciclado como teatros. «Estos cines hay que protegerlos, que hagan leyes o algo, pero no se puede permitir que la historia desaparezca. Después nos arrepentiremos todos», reclamaba Isaías, vecino septuagenario de la calle de Velázquez, indignado por el entierro del Benlliure. «Dinero y más dinero, y la cultura, ¿qué?», preguntaba.
Muchos vecinos aún no se pueden creer que su cine haya cerrado. «Hacía años que no venía, pero le tengo mucho cariño porque iba mucho cuando era joven. Sus butacas eran muy confortables», recuerda Agustina.
Muerte de los cines de barrio
«Nos parece fatal, están acabando con todos los cines de barrio. Y que no digan que es porque no había gente, que siempre había colas», explicaban Asia, Alejandra y Marta, tres amigas que pasaban por delante del Benlliure. La Dalia Negra fue la última película que recuerdan haber visto sentadas en sus butacas. Ahora no saben muy bien a qué cine podrán ir. «Es que también han cerrado el Tívoli... habrá que ir al Cid Campeador, que creo que es el único que queda por aquí», comentaba una de ellas.
Así es. El Cid Campeador, en Príncipe de Vergara, es el único cine de siempre que permanece abierto en la zona. Esperemos que, fiel al espíritu de Rodrigo Díaz de Vivar, hidalgo y guerrero castellano, logre resistir.

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