Pocas horas antes de la firma del Tratado de Lisboa, que tendrá lugar hoy en el Monasterio de los Jerónimos de la capital lusa, Luis Amado, presidente del Consejo de Ministros de Exteriores de la UE y responsable de la diplomacia portuguesa, recibe a ABC en su despacho, antes de ultimar los últimos detalles de la ceremonia. Está satisfecho con el trabajo realizado, convencido de que Portugal ha contribuido en el desarrollo del proyecto europeo. Eso sí, deja un aviso, si algún Estado no ratifica el tratado, Europa entrará en una crisis mucho más grave que la vivida hace dos años.
-La Presidencia portuguesa cumplió la prioridad de sus prioridades, el Tratado de Lisboa. ¿Tiene conciencia del deber cumplido?
-Siento la convicción de haber contribuido a crear las condiciones para que el proyecto europeo se desarrolle y corresponda a las expectativas de sus ciudadanos, y de otras regiones del mundo, de la responsabilidad que Europa tiene internacionalmente.
-El nuevo tratado, ¿agrada a todos los Estados miembros?
-La toma de decisiones en la UE es un proceso siempre difícil dada la necesidad de adaptar voluntades y sensibilidades de 27. Por eso, éste es el tratado posible, que acomoda en la medida de lo posible las diferentes expectativas, sensibilidades y perspectivas para el desarrollo del proyecto europeo.
-¿En algún momento sintió que el consenso para el texto del tratado estaba en peligro?
-La Presidencia portuguesa aprovechó bien el momento creado por Alemania con el compromiso de llegar a un acuerdo para el mandato en octubre. Nunca tuve dudas de eso, aunque es cierto que hubo dificultades hasta el último momento, pero sabíamos que existía voluntad política para conseguirlo.
-¿Cuál fue el secreto de la diplomacia portuguesa para solucionar los últimos problemas?
-Fue importante poner toda la presión sobre los gobiernos para que llegásemos al acuerdo lo antes posible y no dejar que otros temas sirviesen para eludir la base de nuestro compromiso. El calendario marcado por nosotros fue importante así como no entrar en pánico con la presión del entonces primer ministro polaco para aplazar la cumbre de octubre para después de las elecciones. Resolvimos al comienzo de la sesión la cuestión de Italia para después tratar los otros temas.
-Se firma el tratado en tiempo record. ¿Es señal que Europa ya está cambiando?
-Es señal de que Europa ve con responsabilidad el papel que tiene que asumir de forma decisiva en el escenario internacional. Por lo tanto, un calendario más rápido para la ratificación y la entrada en vigor en enero de 2009.
-Falta lo difícil, la ratificación a través del Parlamento o por referendo.
-Necesitamos ratificar el tratado a lo largo del próximo año y no sería nada bueno no cumplir lo acordado. Debe ser un proceso que se recorra con serenidad y dentro de la normalidad democrática de cada Estado.
-¿Qué pasará si en un país se realiza el referendo y gana el «no»?
-Tendremos una crisis política en Europa, grave, más de la que ya tuvimos. Sin duda: si hay un rechazo en la ratificación de cualquier Estado el proceso queda de nuevo parado y tendremos una crisis en Europa. Creo que las personas saben los problemas que la crisis provocaría y por tanto es un factor de peso a la hora de tomar una decisión. Los ciudadanos europeos tienen la noción de que Europa debe ser más fuerte y este tratado ayuda a conseguirlo.
-¿La presencia de Robert Mugabe desvió las atenciones de la cumbre como se temía?
-Acabó por ser marginal en los debates y en los trabajos de la cumbre pero tuvo un eco desproporcionado, desde el punto de vista mediático. La cuestión de Zimbabue no monopolizó la reunión, que tuvo importantes contribuciones públicas y hubo debate. Encontramos problemas, como las cuestiones relacionadas con el comercio, la migración, y los derechos humanos. Las relaciones de la Unión Europea con Zimbabue no podían condicionar de ninguna manera las relaciones tan exigentes que tenemos con todo el continente africano.
-Según algunos fue una cumbre de gran éxito, pero para otros sirvió sólo para no llegar a ningún acuerdo. ¿De qué lado está?
-El hecho de haberse realizado con una enorme participación es en sí mismo un éxito, ya que desbloqueó un proceso de relación política que estaba bloqueado. Esta falta de comunicación sirvió para alimentar factores de resentimiento y de crítica acerca de la forma en que se han venido relacionando Europa y África. Nunca estuvo en la agenda el tema de los acuerdos económicos y se utilizó en contra, pero no era un asunto que debíamos tratar ahora.
-¿Es posible un diálogo franco entre continentes tan diferentes?
-Hay diferencias pero también hay convergencias. La UE tiene un código riguroso con los países que no respetan los derechos humanos y democráticos y la Unión Africana (UA)también, aunque se centra en las cuestiones formales, y no hay que olvidar que existe sólo desde hace cinco años. Países en los que se ha producido un golpe de Estado, como Mauritania, quedan suspendidos para participar en la UA.