ENRIQUE SERBETO. CORRESPONSAL
BRUSELAS. La cuestión llevaba más de dos años dando vueltas en la atmósfera de las instituciones comunitarias, pero en el Consejo de Ministros de ayer se puso ya una primera piedra para levantar un muro con pretensiones de marcar las fronteras de Europa. Las nuevas ampliaciones ya comprometidas van a seguir un camino más tortuoso y exigente que las que se han producido hasta ahora, y en los próximos seis meses se pretende abrir el debate formal sobre los límites territoriales de Europa.
El jarro de agua fría le ha caído a la pequeña Macedonia, un país al que se le prometió que si hacía todas las reformas políticas que se le aconsejaban tendría abiertas las puertas de la UE. Así lo ha hecho, y la Comisión Europea ha certificado que las condiciones han sido cumplidas, por lo que recomienda a los países miembros que accedan a concederle el estatuto de país candidato. Sin embargo, ayer Francia abanderó a un grupo de países que pidieron abiertamente que se pare el proceso de nuevas ampliaciones, al menos hasta que las opiniones públicas de ciertos países se muestren menos hostiles a esta idea.
El ministro Miguel Ángel Moratinos dijo que España apoya que se conceda el estatuto que ha pedido Macedonia, pero anticipó que las condiciones de las negociaciones serán endurecidas. «Todos los ministros hemos aceptado el debate que creemos necesario, pero al mismo tiempo no podemos dejar de enviar un mensaje claro de apoyo a Macedonia».
Su colega francés, Philippe Douste-Blazy, dijo que había que evitar que «la construcción europea parezca una huida hacia adelante». La perspectiva de llegar a ser miembros de la UE se ha revelado como la fuerza más formidable para consolidar la estabilidad y las reformas en una región como los Balcanes Occidentales.



