BRUSELAS. En esta Bruselas, capital comunitaria, que, además de con frío, agua y una huelga de transportes públicos, recibe estos días a sus visitantes, sin complejos multiculturales, con un enorme Belén en pleno centro de la famosa Grande Place, se hace aún más difícil entender por qué algunos países se oponen a que haya una referencia a la herencia cristiana en la Constitución Europea. Sobre todo, después de escuchar a lo largo de las últimas horas las numerosas referencias a términos religiosos y especialmente cristianos con que se despachan los gobernantes europeos en esta cumbre sobre el futuro de la Unión.
Silvio Berlusconi, que saluda efusivamente a todo aquel con quien se encuentra, no tiene rubor en decir que si se logra aprobar la Constitución en este semestre «sería un milagro», pero a renglón seguido asegura que «los milagros existen». Algo que, sin duda, puede ratificar el primer ministro polaco, Leszec Miller, tras salir vivo de un accidente de helicóptero que le ha obligado a viajar hasta aquí en silla de ruedas, con la esperanza de que la intervención divina se repita y su país consiga mantener lo que logró en el Tratado de Niza.
Un poco más tarde, José María Aznar, que dijo en su momento que Niza no era la Biblia, recurre ahora al «Testamento de Adán» para lanzar una puyita a Francia y Alemania por su incumplimiento del Pacto de Estabilidad. Pasajes de este libro apócrifo aparecen nada menos que en las constituciones apostólicas de los coptos y se asegura que el Rey francés Francisco I lo invocó también ante el Papa para que le dijera si en el mismo figuraba alguna cláusula que permitiera dividir el Nuevo Mundo entre portugueses y españoles, merced al Tratado de Tordesillas.
Sistema de «confesionarios»
Mucho menos rebuscado es el llamado sistema de «confesionarios», utilizado ya en Niza, mediante el cual el presidente en ejercicio de la UE va recibiendo a sus colegas europeos para conocer cada una de sus posiciones e intentar llegar a un acuerdo.
Claro que también los términos mágicos están, más o menos, presentes en la negociación. Y si a Ana Palacio le gusta decir que los periodistas queremos siempre escudriñar en el hígado de la oca para enterarnos de todo, el propio Berlusconi llegó a esta reunión asegurando que tenía una oferta irresistible para los españoles. O sea, que pensaba ponerse el traje de prestidigitador y sacar un conejo de la chistera que dejaría sin argumentos al irreductible Aznar, que ayer, para el periódico European Voice, era «el hombre de los ojos oscuros, que tiene la llave de la solución al conflicto». Mientras, Pat Cox decía esperar «la revelación del misterio» de Berlusconi.
Pero de momento, lo único que Berlusconi hizo, además de sugerir con escaso éxito a sus colegas durante el almuerzo hablar de fútbol y de mujeres, fue contar, tal vez para desengrasar el ambiente, el siguiente chiste: en una manifestación en Roma a favor de las pensiones, Berlusconi y sus asesores sobrevuelan la marcha. Uno de estos, propone lanzar un fardo de 10.000 euros para contentar al menos a uno de los manifestantes. Otro, propone lanzar dos de 5.000 para contentar a dos. Ante tales ideas, el piloto se vuelve y sugiere a Berlusconi que se lance él y así quedarán contentos todos.
«Il Cavaliere», que no puede dejar de ser el protagonista ni en los chistes que cuenta, presentará hoy públicamente su propuesta mágica y, de momento, todas las delegaciones han reservado en sus hoteles la noche del domingo al lunes, aunque Berlusconi expresó ayer su intención de ver la final de la Copa Intercontinental entre el Milán y el Boca Juniors, que juegan en Tokio a las once del domingo (hora italiana). Quizás adelantando el triunfo, no se sabe si de su equipo o de la Conferencia Intergubernamental, decidió obsequiar a los periodistas con una caja que incluía un panettone, unos bombones y un vino espumoso «Fontanafreda», todo bajo el lema «Dolce Italia».
Silvio Berlusconi, que saluda efusivamente a todo aquel con quien se encuentra, no tiene rubor en decir que si se logra aprobar la Constitución en este semestre «sería un milagro», pero a renglón seguido asegura que «los milagros existen». Algo que, sin duda, puede ratificar el primer ministro polaco, Leszec Miller, tras salir vivo de un accidente de helicóptero que le ha obligado a viajar hasta aquí en silla de ruedas, con la esperanza de que la intervención divina se repita y su país consiga mantener lo que logró en el Tratado de Niza.
Un poco más tarde, José María Aznar, que dijo en su momento que Niza no era la Biblia, recurre ahora al «Testamento de Adán» para lanzar una puyita a Francia y Alemania por su incumplimiento del Pacto de Estabilidad. Pasajes de este libro apócrifo aparecen nada menos que en las constituciones apostólicas de los coptos y se asegura que el Rey francés Francisco I lo invocó también ante el Papa para que le dijera si en el mismo figuraba alguna cláusula que permitiera dividir el Nuevo Mundo entre portugueses y españoles, merced al Tratado de Tordesillas.
Sistema de «confesionarios»
Mucho menos rebuscado es el llamado sistema de «confesionarios», utilizado ya en Niza, mediante el cual el presidente en ejercicio de la UE va recibiendo a sus colegas europeos para conocer cada una de sus posiciones e intentar llegar a un acuerdo.
Claro que también los términos mágicos están, más o menos, presentes en la negociación. Y si a Ana Palacio le gusta decir que los periodistas queremos siempre escudriñar en el hígado de la oca para enterarnos de todo, el propio Berlusconi llegó a esta reunión asegurando que tenía una oferta irresistible para los españoles. O sea, que pensaba ponerse el traje de prestidigitador y sacar un conejo de la chistera que dejaría sin argumentos al irreductible Aznar, que ayer, para el periódico European Voice, era «el hombre de los ojos oscuros, que tiene la llave de la solución al conflicto». Mientras, Pat Cox decía esperar «la revelación del misterio» de Berlusconi.
Pero de momento, lo único que Berlusconi hizo, además de sugerir con escaso éxito a sus colegas durante el almuerzo hablar de fútbol y de mujeres, fue contar, tal vez para desengrasar el ambiente, el siguiente chiste: en una manifestación en Roma a favor de las pensiones, Berlusconi y sus asesores sobrevuelan la marcha. Uno de estos, propone lanzar un fardo de 10.000 euros para contentar al menos a uno de los manifestantes. Otro, propone lanzar dos de 5.000 para contentar a dos. Ante tales ideas, el piloto se vuelve y sugiere a Berlusconi que se lance él y así quedarán contentos todos.
«Il Cavaliere», que no puede dejar de ser el protagonista ni en los chistes que cuenta, presentará hoy públicamente su propuesta mágica y, de momento, todas las delegaciones han reservado en sus hoteles la noche del domingo al lunes, aunque Berlusconi expresó ayer su intención de ver la final de la Copa Intercontinental entre el Milán y el Boca Juniors, que juegan en Tokio a las once del domingo (hora italiana). Quizás adelantando el triunfo, no se sabe si de su equipo o de la Conferencia Intergubernamental, decidió obsequiar a los periodistas con una caja que incluía un panettone, unos bombones y un vino espumoso «Fontanafreda», todo bajo el lema «Dolce Italia».



