
Rita Hayworth comparte cartel en esta película con John Wayne y Claudia Cardinale
«El fabuloso mundo del circo» fue la última de las superproducciones rodadas por Samuel Bronston en suelo español. Puso así punto final a sus aspiraciones de construir una alternativa europea a Hollywood; pero no fue porque la película careciera de valores ni porque resultara un fracaso de público, puesto que en su primera explotación comercial fue vista por más de dos millones y medio de espectadores, sino porque se acabaron hundiendo las complicadas bases financieras de su precario imperio.
La azarosa historia del rodaje, como el de las anteriores producciones de Bronston, tiene elementos que pertenecen al ámbito de la leyenda. El magnate de origen ruso había pensado una producción a gran escala sobre el mundo circense, al estilo de «El mayor espectáculo del mundo», que había dirigido en 1952 uno de sus modelos declarados, el cineasta Cecil B. De Mille. Para tomar las riendas del proyecto pensó en el veterano maestro de la comedia Frank Capra. Pero su esfuerzo no sirvió de nada: la estrella de la película era John Wayne y éste impuso a su propio guionista y finalmente a un director de su aprecio, que resultó ser Henry Hathaway. Capra fue sustituido por Hathaway, quien a su vez venía rebotado de otro rodaje también por imposiciones de una estrella (Kim Novak); pero supo entablar una buena relación de complicidad con el poderoso Wayne, a quien unos años después dirigiría en un western, «Valor de ley», que le supondría el único Oscar de su carrera. Y si bien se incorporó al proyecto cuando el diseño general de éste ya estaba concluido, Hathaway dejó su impronta en espectaculares secuencias como la del hundimiento inicial del buque que trae el circo a Barcelona y ladel incendio final, y en algunas escenas de intimidad dibujó la condición de esencial soledad de estos personajes ambulantes del circo.
Si bien Wayne supo moldear la película a su medida, su trabajo se ve perfectamente complementado por la presencia de la formidable pareja protagonista femenina. En el papel de la trapecista Toni aparecía pletórica de belleza la joven Claudia Cardinale que acababa de trabajar, nada menos, en «Ocho y medio» y «El gatopardo». En cambio, Rita Hayworth, que hace el papel de madre de Toni, iniciaba ya el último tramo de su carrera y no facilitó las cosas durante el rodaje; sus problemas con la bebida, de los que tanto se quejó el director Hathaway, podían deberse a que notaba ya los primeros síntomas de la enfermedad de Alzheimer que acabó con su carrera una década después. Pero la función debe continuar: pese a todos los problemas la película se terminó con éxito y hoy queda como un ejemplo de ese tipo de entretenimiento familiar de gran espectáculo de los que el cine clásico poseía el secreto.



