Endocrinóloga
-¿Llegan las chicas muy nerviosas a la báscula?
-Mucho menos que antes, porque va a ser ya la cuarta vez que las pesamos y, de entrada, vienen más seleccionadas. En la última pasarela ya sólo hubo dos o tres que no pasaron la criba. Están concienciadas. El alboroto vino en su momento por las quejas de alguna que otra modelo famosa, pero en general la gente que va allí son chicas muy normales, estupendas, altas y guapas (muy delgadas, eso sí, porque ese es su mundo) que se lo toman como lo que es: una medida que las protege,
-Cibeles levantó una bandera contra la anorexia a la que no se ha enganchado casi nadie, en el resto del mundo...
-Milán está haciendo algo, no como lo de Madrid, pero se han movido...
-¿Es elÍndice de Masa Corporal (IMC) un listón justo?
-Relaciona peso y altura, y lo que sí está demostrado es que estar por debajo de 18, el mínimo que se exige en Cibeles, se relaciona estadísticamente con las enfermedades que cursan con malnutrición. Eso no quiere decir que no haya personas muy sanas con un IMC 17. La que hemos adoptado es una medida poblacional, pero objetiva. Yo no le puedo decir a una modelo que no desfila sólo porque a mí me lo parezca. Si no, ¿qué haces? Un examen médico completo y pormenorizado de cada persona es imposible.
-Pero además de la delgadez excesiva, prolifera en las pasarelas mucho maquillaje de ojo morado. A veces, parece que a las modelos las han zurrado...
-El modisto lo que quiere es una percha a la que pueda pintar, despintar y colgar un traje. Cuanto más delgada mejor, porque la persona como tal no le interesa.
-¿Cosificación?
-Total. Las quieren a todas muy parecidas. Les importa el vestido. En Cibelesse tutela su aspecto porque paga la Comunidad de Madrid.
-¿Y a usted le interesa la moda?
-Sí, sí. Siempre voy a alguno de los desfiles. En general, son espectaculares y agradables. A mí me satisface contribuir a conectar con la vida real ese mundo a veces tan endiosado. Lo he hablado con Modesto Lomba, que quiere llevar la moda a los colegios. Los creadores con los que yo he tratado son gente agradable, sensata y que no tiene ninguna intención de hacer daño. Pero lo que exhiben en la pasarela es especial, no es para las mujeres normales. Para medir a las modelos, me tengo que subir a un banquito.
-Parece que se habla menos de anorexia que hace dos o tres años... ¿Está bajando la incidencia o son ventoleras mediáticas?
-La anorexia es una enfermedad psiquiátrica gravísima que cursa con un cuadro de desnutrición extrema. Hay un gran saco de trastornos de la conducta alimentaria, muy vinculados a la ansiedad y la depresión, y en los extremos estarían la anorexia y la bulimia. En medio, por ejemplo, ha proliferado lo que en inglés se llama el «binge eating».
-Que consiste en...
-Define a quien se alimenta sólo a base de picoteo, fundamentalmente de carbohidratos, sin orden ni concierto, sin medida, sin horarios...
-Ahora, con los kilos del verano a cuestas, es cuando más nos acordamos de ustedes, los especialistas...
-Sí, es el momento de los buenos propósitos. Pero no se puede caer en el error de hacer dieta sin cambiar los hábitos de vida. Eso no conduce a nada.
-¿A qué hábitos se refiere?
-A la forma de alimentación, a aprender a comer un poco menos... Eso es fundamental adquirirlo a edades muy tempranas, antes de los tres años. Te voy a decir algo que te va a sonar raro, y es que creo que el haber centrado tanto el mensaje en que la dieta tiene que ser cardiosaludable ha sido un error, porque lleva a un único empeño, el de reducir la ingesta de grasa saturada, y se olvida que hay que comer menos, pero de todo. La gente tira del yogur desnatado, sí, pero se mete en el cuerpo diez yogures.
-Los famosos «alimentos funcionales».
-Muchas personas han confundido los términos y creen que necesitan un yogur para que te baje la tensión, otro para el colesterol, otro para la piel... y al final quien antes se tomaba un yogur se zampa ahora cuatro. El peso medio de la población se está incrementando conforme aumenta el número de alimentos funcionales, porque nadie sustituye. Hay que comer un alimento funcional para sustituir otro, pero no «además de».
-Al final, todo conduce al clásico «CLM» del profesor Grande Covián.
-Exacto: «Come La Mitad». La vuelta al maestro.



