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Un misterio aún por desvelar

POR DAVID PERIS-MENCHETAFOTOS: YOLANDA CARDOBARCELONA. Es un misterio. Un caso por estudiar. En la ciudad de Barcelona, siempre a la última, hay un selecto colectivo de lugares que no acaban de

Actualizado 13/09/2008 - 10:39:28
El Parque Central, un jardín de autor que ahora puede disfrutarse casi en solitario  El muro de entrada, criticado por los vecinos, ya luce verde
El Parque Central, un jardín de autor que ahora puede disfrutarse casi en solitario El muro de entrada, criticado por los vecinos, ya luce verde
Es un misterio. Un caso por estudiar. En la ciudad de Barcelona, siempre a la última, hay un selecto colectivo de lugares que no acaban de cuajar. Por algún motivo no echan raíces. El presidente de honor de este gremio es, por méritos propios, el coloso de 25 hectáreas, el Fórum. Estas zonas se caracterizan, generalmente, por dos rasgos fáciles de detectar -y difíciles de comprender-: por un lado, se trata de espacios de calidad y de enorme potencial y, por otro, al no conseguir arrancar el interés de los ciudadanos, suelen estar más bien vacíos.
El último en incorporarse a este distinguido grupo es el Parque Central del Poblenou, diseñado por el francés Jean Nouvel, premio Pritzker -el equivalente al Nobel en arquitectura- y creador a su vez de la célebre Torre Agbar. Aunque en el momento de su inauguración, el pasado 5 de abril y en plena sequía, el recién estrenado parque tuviese más bien el aspecto de un secarral, a día de hoy la creación de Nouvel tiene muchos puntos para convertirse en un espacio único y de personalidad sin igual en Barcelona.
Un lugar mágico, y vacío
El parque de Nouvel, que como se dijo en su momento necesitará aún bastante tiempo en alcanzar su forma definitiva, ya tiene un «no se qué» que lo hace especial. La vegetación, que todavía está creciendo y sobre la cual se basa el concepto de todo el lugar, está formada por cuarenta especies repartidas entre 5.000 arbustos, unas 11.000 trepaderas, 35 palmeras y 5.000 cactus. Ya desde el exterior, la imagen del muro que rodea al parque, el cual está bañado por buganvillas y perforado cada pocos metros por ventanas circulares, invita a entrar.Pero, curiosamente, en el interior -mágico interior- apenas se encuentran un puñado de personas paseando porlas tres islas que conforman el enorme jardín de 5,5 hectáreas. Eso sí, tanto los unos como los otros se muestran encantados divisando el parque, como si todavía lo estuviesen descubriendo cinco meses después de su estreno.
Es un lugar para detenerse y observar, donde los detalles de calidad abundan. Desde enormes tótems coronados por un cactus hasta el tubo cilíndrico donde, si te colocas en el lugar idóneo, la Torre Agbar aparece justo en el hueco emplazado por Nouvel. Detalles aparte, que hay muchos y muy buenos, el verdadero atractivo del parque lo ponen los abundantes «sauces llorones» y «falsos pimenteros». Barcelona, urbe que en los últimosveinte años ha crecido de forma espectacular, no había tenido hasta ahora un lugar parecido a este. «Cuando los árboles hayan alcanzado su esplendor, esto estará verde y frondoso todo el año», explica uno de los varios jardineros que se ocupan a diario del recinto.
La insólita estampa del Parque Central, tan único como poco transitado, tal vez se deba a que en Barcelona no ha habido tradicionalmente una «cultura de ir al parque». Y aunque el misterioso mal que deja desértico a muchos lugares teóricamente interesantes de Barcelona pueda estar justificado en muchos casos, el parque de Nouvel sí vale la pena.
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