PALMA. Para que luego digan que sólo se pueden conseguir frutos hermosos y sanos a base de transgénicos. La naturaleza sigue empeñada en contradecir a los humanos con su sabiduría y alguna que otra sorpresilla, como los calabacines gigantes que a Belén Almenara, una vecina de Palma del Río, le han crecido en su huerto.
Las hermanas Belén y Carmen Almenara viven en dos bonitas casas contiguas en la carretera de El Remolino, donde las dos familias se instalaron hace algunos años.
Desde hace ya algún tiempo, los calabacines del huerto de Belén son la admiración de propios y extraños. Los vecinos no dan crédito a lo que ha cultivado en su patio y Carmen cuenta que, como su hermana es una persona muy bromista y a la que le gustan mucho las risas, «creían que era guasa de ella, y cuando vieron las verduras no podían creerlo». Y no es para menos, puesto que cada calabacín sobrepasa el metro y medio de longitud.
Especímenes de dos kilos
Carmen piensa que «están tan derechos y tan grandes por crecer colgados, aunque la planta tiene que ser muy resistente para sostener ese peso. La verdad es que es algo sorprendente». Y tan resistente, ya que cada calabacín de los numerosos que nacen entre las matas podrá tener dos kilos y hasta dos kilos y medio incluso, cuando lo normal es que su peso no sobrepase los 300 gramos.
Sin embargo, el que sean gigantes no merma en absoluto su sabor, ya que, según las hermanas, «están muy buenos, sobre todo, en los potajes y cocidos».
Y si alguna diferencia hay con sus congéneres de menor tamaño, es para mejor. «Estos calabacines son más finos que la calabaza blanca. Sin ir más lejos, en el potaje de lentejas están buenísimos», señala Carmen.
La planta lleva sembrada desde los últimos días del pasado mes de marzo. Antes había en ese mismo lugar un ciruelo al que Belén tenía mucho aprecio y que se secó, así que sembró justo al lado la mata de calabacín, que fue creciendo hasta convertirse en un emparrado.
¿El secreto? Pues, a lo mejor es el buen humor de su dueña, porque, además, los calabacines son ecológicos, ya que Belén sólo los trata con el agua con la que riega la planta.