
Presidente de la Fundación Alaine, dedicada a su hija
ABC
Blanca Torquemada
Antonio Astorga
Virginia Ródenas
-La sonrisa de Alaine ilumina los folletos y la página web de la fundación.
-En una de esas fotos, tomada en el hospital, Alaine ya no podía hablar ni moverse. Tenía una sonda nasogástrica. Pero un amigo nuestro le consiguió dos pósters dedicados, uno de Iker Casillas y otro de Beckham, y aún tuvo fuerzas para esa sonrisa...
-Que se prolongará en otras.
-Sí, porque después de su muerte y desde la fundación nos planteamos si no podíamos replicar la labor que hizo ese amigo. Por eso generamos el programa «Sonrisas». Hablamos con el Real Madrid, con el Atlético de Madrid, con el Sevilla, con el Athletic de Bilbao, con la selección de baloncesto, con la SGAE... De manera que cuando sabemos de un niño en estas condiciones, le enviamos un póster de su ídolos. Lo que ocurre es que ya contamos con el lado de la oferta, con un gran número de famosos encantados de hacerlo, pero nos falta la demanda, porque no vamos a ir por los hospitales con una campana buscando críos enfermos. ¡A ver si ahora se sabe más, gracias a ABC! Nos pueden escribir a sos.sonrisas@fundacionalaine.es. De momento, nos hemos estrenado con Paula, una niña con osteosarcoma a la que hemos enviado un póster de Amaral.
-A Alaine le encantaría.
-La aspiración de cualquier padre es que un hijo te sobreviva. Cuando eso no te ocurre y no te ocurre cuando tu hija tiene 16 años, te bloqueas, no lo entiendes. Nosotros tenemos la suerte de tener otro hijo y eso nos obligó a seguir, a que la vida adquiriera unos ciertos tintes de normalidad, porque no se le podía sumir en un funeral permanente. Y nos dijimos que ya que nuestra hija no nos ha sobrevivido como nos hubiera gustado, como la chica estupenda que era, sí lo hará en algo que se consolide y que quede para las generaciones futuras, a través de una fundación con su nombre. De modo que todo el dinero que íbamos invirtiendo en nuestro hijo, para sus actividades o viajes de estudios, lo íbamos replicando en fondos para la fundación.
-Que, además, trabaja sobre el terreno en Benin, país pobre entre los pobres.
-Ése es el proyecto «Grano de arena». Nos centramos allí porque tomamos como referencia el índice de desarrollo humano de la ONU y los países del África subsahariana eran el rabo del perro, con diferencia. Y dentro de ellos, Benin tiene estabilidad política, lleva tiempo con tradición democrática y hay allí menos corrupción que otros más desarrollados como Nigeria. Y como nuestros fines se centran en la infancia y allí hay una gran brecha de escolarización entre chicos y chicas, hace mucha falta la discriminación positiva en favor de las niñas. De modo que estamos financiando escuelas para ese fin. ¡A Alaine le indignaban las injusticias con las mujeres!
-¿Conocía antes el África subsahariana?
-No, no había estado nunca.
-También su hija le ha abierto esa puerda de crecimiento personal.
-Sí, desde luego. ¡Y es un impacto! El retorno que nos devuelven los proyectos que estamos haciendo allí es inmenso. Primero pensamos en que nos podíamos centrar al algún tipo de ayuda para la lucha contra el cáncer, pero al final llegamos a la conclusión de que es una enfermedad del primer mundo a la que se están dedicando muchísimos recursos. Mientras que pequeñas inversiones como las nuestras rinden más en Benin. O sea, presupuesto recaudado aquí, pero invertido allí para que, como nuestra hija incluso en sus momentos más duros, todo el mundo pueda sonreír.
Vocación de permanencia _ Ramón Herrera quiere que la memoria de su hija Alaine no se extinga «en nosotros, su familia» y, a la hora de crear la fundación que lleva su nombre, ha buscado un rigor jurídico y financiero que garantice su continuidad.



