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Tourmalet, el puerto asesino que dio vida a la leyenda del Tour

TOMÁS GONZÁLEZ-MARTÍNSus vecinos, el Aspin, el Aubisque y el Peyresourde, han laureado el temor que acompaña a su nombre. Los corredores han alcanzado la gloria gracias a sus 18,4 kilómetros de

Actualizado 13/07/2006 - 08:41:46
TOMÁS GONZÁLEZ-MARTÍN
Sus vecinos, el Aspin, el Aubisque y el Peyresourde, han laureado el temor que acompaña a su nombre. Los corredores han alcanzado la gloria gracias a sus 18,4 kilómetros de ascensión, con un porcentaje medio de pendiente del 7,7. El Tourmalet es la historia del Tour. El mito que, a 2.115 metros de altitud, ha encumbrado y ha derrocado a las estrellas desde que la carrera francesa lo incluyó en el recorrido en 1910. Por eso, triunfar en esta cima supone recibir un premio, el Jacques Goddet.
Hoy, la ronda gala regresa a las montañas que la convirtieron en la prueba más importante del mundo. Hoy retorna al Tourmalet, para rematar la faena con sus amigos, el Aspin, el Peyresourde y el Portillon. Y de postre, el español Plá de Beret. El Tourmalet será el primer plato. Bien saben los corredores que si se les atraganta, ya pueden decir adiós. Porque es un puerto matador, pesado. Porque nunca se acaba. Si no sabes digerirlo sufres la indigestión.
Octave Lapize, el primer vencedor en la cima, fue explícito en 1910: «Sois unos asesinos», les dijo a los organizadores. Escaló por encima de tierra y de piedras y llegó a la meta a pie. Así comenzó la leyenda.
Una mitificación que la realidad alimentó en 1913. Philippe Thys fue el primero en la cumbre, pero la gloria se la llevó su perseguidor, Cristophe. Sufrió la rotura de la horquilla y caminó 14 kilómetros a pie, hasta una herrería de Sainte Marie de Campan, donde él mismo arregló la bicicleta en cuatro horas para poder continuar en el Tour.
La carrera estrenó el Premio de la Montaña en 1933 y Vicente Trueba se adjudicó el honor de ganarlo después de mandar en el Tourmalet. Finalizada la segunda Gran Guerra, Jean Robic constató en 1947 que ni los nazis pudieron con esta cumbre. Jean escribió más páginas de oro en 1953, cuando pasó en cabeza por la cima para caerse posteriormente, desequilibrado por su bidón de ¡nueve kilos de peso!
Bahamontes y Jiménez, mano a mano
Pero el hombre que dio grandeza al Tourmalet fue Bahamontes. Reinó en 1962 y en 1963, para pasar en segunda posición en 1964, a rueda de Julio Jiménez, una etapa que Federico ganó en Pau. Bien se acordará de Juan Campillo, que le daba su bidón de agua para vencer al coloso. Jiménez volvió a pisarlo en primer lugar en 1965 y 1967.
Eddy Merckx leyó bien los capítulos de Bahamontes. Sentenció su primer Tour, el de su debut, en 1969, atacando en «el Malet». Mito contra mito.
El último que aprendió la lección fue Induráin. El pentacampeón descendió al Olimpo en este asfalto. Porque lo hizo al revés. Era 1991. Chiapucci estaba escapado y Miguel le mantuvo a raya para cazarlo en aquel descenso portentoso que le llevó a la consecución del primer Tour. Dos años más tarde, rubricó la leyenda de esta subida con otro descenso sensacional que acabó con una fuga de Rominger. Este monte es un creador de mitos. De hitos.
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