G. SANZ
MADRID. Cuando el Gobierno se había reconciliado ya con el resto del mundo -incluida buena parte del PSOE- tras oír el miércoles a Pedro Solbes mencionar en el Congreso la palabra maldita, «crisis», el propio Ejecutivo sorprendió ayer dando marcha atrás. Toda la maquinaria gubernamental se puso a trabajar para negar trascendencia al reconocimiento de Solbes. Por eso, sorprendió aún más escuchar al propio José Luis Rodríguez Zapatero decir que la polémica le parece «absurda» y que «cada uno que lo llame como quiera».
Porque fue el propio Solbes quien se apresuró a negar que él hablara de crisis la tarde anterior, durante su debate con Gaspar Llamazares. Aquí «nadie lee la cartilla a nadie», respondió algo molesto a una periodista, a la que recordó que él siempre se ha referido a una desaceleración. «Ayer (por el miércoles), lo único que hablé fue que había que prepararnos para la crisis, pero en ningún momento hablé de crisis», añadió con aplomo. Sin embargo, el diario de sesiones del Congreso refleja que lo que dijo realmente el miércoles a Llamazares fue: «Las medidas más importantes que venimos adoptando frente a la crisis son de principio de la legislatura». Tras la rectificación de Solbes compareció en rueda de prensa el portavoz del Grupo Socialista, José Antonio Alonso, para dar carta de naturaleza a la explicación que ya en la tarde del miércoles daban fuentes gubernamentales: «Ha sido un lapsus».
Alonso comentó ayer que «más allá de palabras o lapsus» de mencionar la palabra crisis, Solbes «siempre describe la situación económica con racionalidad». Por su parte, la vicepresidenta primera, María Teresa Fernández de la Vega, eludió expresamente hablar de crisis cuando fue preguntada, a mediodía, en la presentación del libro de Antonio Papell «Zapatero 2004-2008. La legislatura de la crispación». De la Vega tiró por elevación culpando de las «dificultades» económicas al «radicalismo liberal» de los gobiernos del PP y el neoliberalismo mundial.
No dar bazas al PP
«Es mucho lo que se está escribiendo y lo que se está diciendo sobre la actual situación de desaceleración económica o ajuste duro», advirtió la «número dos» del gabinete, negando que lo que está ocurriendo sea un fracaso de las políticas socialistas. Fuentes socialistas consultadas por ABC explican que el empecinamiento en la pelea semántica «crisis» o «desaceleración» no es gratuito. Trata de no dar al PP la baza de acusar a los socialistas de malos gestores frente a los gobiernos de Aznar. Máxime -añaden- cuando, técnicamente, se entiende por crisis el crecimiento negativo del PIB del Estado dos trimestres seguidos.
Por su parte, el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, no quiso mojarse en exceso y habló de «dificultades claras». Tras la rectificación de Solbes, Zapatero aprovechó su rueda de prensa con el presidente de México, Felipe Calderón, para asegurar que la polémica le parece «un poco absurda» en un tema «muy serio», y añadió: «Que cada uno llame a la situación económica como quiera».
Ayer, el único capote que recibio el Ejecutivo en sus estrategia semántica vino de la patronal bancaria. El secretario general de la Asociación Española de la Banca (AEB), Pedro Pablo Villasante, afirmó que España se enfrenta a una situación de «fuerte desaceleración» y que es el sistema financiero internacional el que se enfrenta a una crisis «intensa». «Hay términos como recesión, que tienen una calificación económica y que no se han producido, lo que hay es una fuerte desaceleración», advirtió el responsable bancario.