
José Montilla sigue en la Generalitat tan imperturbable como cuando era ministro del Gobierno Zapatero. Sus ojos achinados, su voz sin entonación y sus modales tímidos no ocultan la dureza y determinación de un hombre hecho a sí mismo. El primer presidente de la Generalitat no nacido en Cataluña, al menos en esta época contemporánea, se enfrenta a una hipótesis endiablada: que el Tribunal Constitucional tumbe un Estatuto quesólo concitó el 48 por cientodel censo electoral en el decisivo trámite del referéndum.
-¿El cese de Raimon Martínez Fraile, conocido en Madrid por su cercanía a usted, es una advertencia disciplinaria hacia sus socios?
-No. Simplemente, había expresado que en esta cuestión no estábamos para hacer de comentaristas respecto a lo que diga el señor Maragall. Desde la Generalitat lo que tocaba era respetarlo, en mi caso discrepando. Raimon Martínez Fraile incumplió estas orientaciones. Era el delegado de la Generalitat en Madrid, no un particular; tendría que haber medido más sus palabras.
-¿Las declaraciones de Pasqual Maragall expresan una frustración o tienen razonabilidad política?
-No sé lo que expresan. Eso en todo caso habría que preguntárselo a él. Yo no las comparto y estoy convencido de que con el paso del tiempo rectificará.
-¿Maragall está reconociendo que es un Estatuto constitucionalmente vulnerable?
-No lo creo, aunque es un hecho que el Estatuto está recurrido. No creo que de sus palabras quepa deducir esta presunción de inconstitucionalidad. El Estatuto es una ley vigente, que aprobaron las Cortes y después el pueblo de Cataluña, y que los gobiernos tenemos la obligación de aplicar, como la ley vigente que es.
-Maragall señala que hay que modificar el artículo 2 de la Constitución. Y además, hace una seria advertencia al Tribunal Constitucional...
-Esa propuesta de modificación del artículo 2 de la Constitución no es nueva. El problema es que una modificación de la Constitución requiere unas mayorías cualificadas que en estos momentos no se dan. Por tanto, se trata de una propuesta inviable. Yo no diría que advierta al Tribunal Constitucional, pero no podemos dejar de lado las circunstancias que han rodeado este recurso: la hostilidad del primer partido de la oposición, con un recurso previo para que ni tan siquiera se admitiera a trámite el Estauto, o la circunstancia de que muchos de los artículos recurridos se encuentran en los Estatutos de Baleares y de Andalucía, que han sido votados fervorosamente por el PP. Sin olvidar la recusación de un magistrado con la voluntad de alterar posibles mayorías. Eso quiere decir que el Estatuto tiene adversarios muy destacados. Conviene que esos adversarios sepan que no nos vamos a quedar con los brazos cruzados.
-¿Qué quiere decir esa expresión de «no nos vamos a quedar con los brazos cruzados» ante una sentencia estimatoria de algunos de los recursos interpuestos?
-Estoy convencido de la constitucionalidad del Estatuto.
-Pero póngase en la hipótesis...
-Trabajaré para que la hipótesis que se dé sea la de la constitucionalidad del Estatuto. Lo que quiero poner de relieve es que esas maniobras, la utilización de lo catalán para tratar de obtener réditos en otros lugares, no favorece la cohesión de España, sino todo lo contrario. Genera más desafección hacia España.
-¿Eso no es una expresión de victimismo?
-No. En todo caso, habrá algunos que harán victimismo, porque con esa actitud se dan argumentos a los que practican el victimismo y a los que quieren saber muy poco de España.
-Hay personas poco sospechosas por su filiación política, como Joaquín Leguina, quien afirma: «... ese disparate jurídico-político que ha constituido la elaboración del Estatuto de Cataluña»...
-Pues el señor Leguina votó favorablemente el Estatuto, fui testigo de ello.
-O el señor López Burniol, quien advierte queuna Cataluña ligada a España por una relación bilateral pervierte el Estado y se muestra muy crítico con la asimetría que supone la bilateralidad sólo de Cataluña...
-Pero eso no es cierto. Los Estatutos valenciano, balear, andaluz, o incluso el de Canarias, recogen también instrumentos de relación bilateral.
-López Burniol defiende el Estado federal.
-Yo también.
-¿No será que el desiderátum de toda esta reforma es un cambio de modelo de Estado, pasar de un Estado unitario y autonómico a un Estado federal más o menos asimétrico?
-No estamos en un Estado unitario. Cualquier manual de derecho comparado nos lo definiría como un Estado federal imperfecto. Al margen de las nacionalidades históricas, todas las comunidades tienen un nivel de competencias que hacen de España algo muy parecido a un Estado federal.
-Pero no lo es.
-No lo es porque faltan algunos mecanismos precisamente para que funcione, para que no chirríe. Aquellos que han de complementar las relaciones bilaterales, como un Senado federal.
-¿Secunda esa propuesta?
-Sí, figura en nuestro programa. Lo que no se puede hacer es criticar las relaciones bilaterales y no crear aquellos foros multilaterales que son absolutamente fundamentales en un Estado federal, o un Estado como el nuestro, si no se le quiere llamar federal.
-El problema puede ser que este movimiento de revisión autonómico nos está abocando a un proceso constituyente. ¿Por qué no es capaz la izquierda española de decir que quiere abrir un proceso constituyente para cambiar el modelo de Estado?
-Abrir un periodo constituyente es hacer «tabla rasa»; no soy en absoluto partidario de eso. Yo abogo por modificaciones puntuales de la Constitución para adaptarla a la evolución del Estado de las autonomías, a cosas que el constituyente no pudo prever.
-El título preliminar y el modelo de Estado son constituyentes.
-No estoy hablando de nominalismos sino de mecanismos, fundamentalmente.
-Pero los mecanismos que nos llevan a cambiar esos puntos de la Constitución en todo caso exigen procedimientos agravados.
-Exigen mayorías cualificadas, por supuesto; por eso digo que no se dan las condiciones para hacerlo.
-¿Pero desearía poder hacerlo?
-Para un mejor funcionamiento del Estado de las Autonomías sería deseable modificar algunos aspectos de la Constitución. Por ejemplo, de manera muy clara, el Senado.
-¿Y la reforma del artículo 2 de la Constitución?
-Yo no he dicho que esté a favor de modificar el artículo 2.-¿Cree que la Constitución debe definir a España como una nación única e indivisible y que además la soberanía reside en el conjunto del pueblo español?
-He entendido siempre las identidades inclusivas, no las exclusivas. No tengo problemas para sentirme catalán y español a la vez, como se sienten la mayoría de los ciudadanos.
-¿En Cataluña?
-Sí, en Cataluña. Unos más catalanes que españoles, y otros más españoles que catalanes, pero la mayoría de la población de Cataluña se siente las dos cosas a la vez. Ese no es el problema ni la preocupación fundamental; al menos, para mí no.
-Tenemos que insistir, porque voces autorizadas han advertido de la grave crisis institucional que se puede dar si el Tribunal Constitucional falla contra aspectos sustanciales del Estatuto. ¿Cuál es el plan B? Parece irresponsable no tener en cuenta la posibilidad de una impugnación.
-Los planes B, si se tienen, no se explican. Lo que tenemos es un plan A, sobre la base de considerar que el Estatuto es constitucional y que tiene la legitimidad que le dieron las Cortes y el pueblo catalán. No hay ningún precedente de una norma que, adoptada en referendo, haya sido revocada por el Tribunal Constitucional. Conviene también que se tenga presente cuando se habla de las crisis que se pueden generar.
-¿La relación con ERC le da muchos dolores de cabeza?
-No más que los lógicos cuando se está al frente de un gobierno como el de Cataluña.
-Pero alguna faena sí le han hecho.
-No tengo quejas sobre la actitud, el comportamiento y la lealtad de ERC ni de ICV.
-Admita que es chocante que comparta gobierno con quien votó en contra del Estatuto.
-Sí, pero estamos de acuerdo en aplicar y desarrollar este Estatuto, que ahora es de todos, también de los que no lo votaron. ERC tampoco votó el Estatuto de Sau, pero las leyes, una vez que se promulgan, pasan a ser de todos.
-Pero las leyes, si son impugnadas ante el TC, pueden ser modificadas, porque la Constitución no distingue entre las ratificadas en referendo y las que no.
-Eso son consideraciones políticas que pongo sobre la mesa para aquellos que conviene que las tengan presentes, si es que estiman que es buena la convivencia.
-¿Quiere decir que la convivencia se deterioraría si se diera un fallo contrario del TC?
-No, quiero decir que no se le escapa a nadie que sería un hecho de gran trascendencia.
-¿Generaría una crisis con el Estado?
-No quiero aventurar lo que se generaría. Lo que digo es que no sería un tema menor.
-¿El Pacto del Tinell está vigente?
-No, el tripartito se rige ahora por otro pacto, el Pacto d'Entesa.
-¿A usted no le importaría pactar con el PP si el caso lo requiriese?
-Hemos hecho algunas propuestas que queremos que sean pactos de país y hemos convocado a todas las fuerzas políticas. El artículo famoso del Pacto del Tinell no excluía al PP, excluía mayorías de gobierno con el PP.
-Tampoco eso es muy democrático.
-Eso respondía a un determinado contexto. En ese momento el PP tenía mayoría absoluta y CiU le estaba dando apoyo.
-Aun así, eso era posible en Cataluña porque durante años se ha hecho un discurso excluyente respecto al PP.
-Lo que sería noticia sería que nosotros dijéramos que vamos a pactar con el PP.
-Tampoco parece que tengan ustedes una gran coincidencia con Esquerra, y no se les hubiese ocurrido poner algo así por escrito.
-Repito que aquello tuvo que ver con una coyuntura. Es obvio que no vamos a pactar con el PP, pero yo no voy a ir al notario.
-Pese a las desavenencias, usted ha recibido recientemente a Esperanza Aguirre con el programa MadeinMAD, y Ruiz-Gallardón ha lanzado una propuesta de crear un eje Madrid-Barcelona. Eso no son actitudes hostiles por parte del PP.
-Esas en concreto no; otras, sí. No he tenido ningún inconveniente en recibir a la presidenta de la Comunidad de Madrid e inaugurar una exposición conjuntamente. Eso entra dentro de la normalidad, una normalidad institucional que establece vínculos de convivencia y rechaza la confrontación. Lo que no es normal son los conflictos que ha provocado el PP.
-¿Los conflictos del PP han sido más relevantes que los que ha provocado ERC?
-Los conflictos respecto a temas importantísimos, como el Estatuto, los ha provocado más el PP que ERC. Esquerra lo que hizo fue apearse en el último momento.
-Usted era ministro de Zapatero cuando se produjo la famosa reunión con Artur Mas en la que supuestamente se pactó el Estatuto. ¿Conocía esa reunión?
-No la conocía, pero que iba a haber una reunión entraba dentro de lo lógico. De hecho, con CiU se habían avanzado de manera bilateral y multilateral la mayoría de los aspectos del Estatuto. En cuanto a la financiación, hay que decir que en gran parte se pactó primero dentro de la familia socialista.
-¿Antes de las generales estará pactada la financiación?
-El Estatuto recoge unos principios y fija un plazo, hasta agosto de 2008. Tenemos margen, aunque no mucho, porque las generales no pueden ser más tarde de marzo de ese año. Habremos empezado a hablar del tema, pero es difícil que hayamos cerrado un acuerdo.
-En cuanto a las infraestructuras, el traspaso de Cercanías o de la gestión del aeropuerto de El Prat tienen una inmediata urgencia para la Generalitat. ¿Quieren recuperar esa distancia que aparentemente Madrid ha ganado a Barcelona?
-No lo hacemos para competir con Madrid. La gestión de Cercanías está prevista en el Estatuto, porque pensamos que desde la proximidad se puede gestionar mejor,este y otros servicios. Respecto al aeropuerto, lo que hay afortunadamente ahora es una gran inversión en marcha. Nosotros apostamos por una gestión descentralizada consorcial, con participación del Estado, la Generalitat y el sector privado.
-¿Tiene la impresión de que Cataluña es beneficiaria de una tregua adicional de ETA pactada por Carod-Rovira en Perpiñán?
-En absoluto. Estamos tan expuestos a las acciones de los terroristas como lo pueda estar cualquier otro pueblo de España.



