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Juegos de Ponzi

Actualizado 13/05/2006 - 11:13:50



Charles Ponzi montó un fraude en Boston a finales de 1919. La tapadera tenía que ver con algo parecido a ¡los sellos! En efecto, prometía jugosos beneficios mediante la financiación de supuestas operaciones de arbitraje con los cupones de respuesta internacional, pero en realidad era una de las varias «pirámides» que registra la historia, porque pagaba los intereses con las aportaciones de los nuevos inversores. De ahí los juegos o esquemas de Ponzi, que en economía aluden a estrategias en las cuales los prestatarios encadenan contratos de préstamos para financiar sus deudas(véase la voz de Ana Esther Castro en «An eponymous dictionary of economics»). Estos enfoques se utilizan para analizar la inestabilidad en los mercados financieros, y su estudio quizás haga disfrutar a los políticamente correctos que a propósito del caso de Fórum Filatélico y Afinsa, aún antes de cerciorarse sobre si es una estafa, han saltado a acusar al mercado desregulado.

Ahora bien, los juegos de Charles Ponzi han sido aplicados también a campos alejados del mercado libre: la deuda pública, la Seguridad Social y los sistemas públicos de pensiones. Además de despotricar contra las pirámides fraudulentas, conviene observar que la Seguridad Social es igual: encadena deudas y paga las pensiones no con un fondo, como en el mercado, sino con las aportaciones de los cotizantes. Con menos cotizantes y más pensionistas, el sistema entra en crisis.

Dirá usted: no es lo mismo, porque el Estado puede utilizar la coacción para obtener fondos, y de hecho es lo que hace. Es verdad, pero no debería consolarse usted pensando que el Estado puede salvarse de la quiebra ¡quebrándolo a usted!

En vez de plantearse la gravedad de las pirámides públicas, la corrección política cree que sólo existen las privadas, y fantasea con el milagro de aumentar la intervención. Habría que considerar, en cambio, cómo la propia intervención puede animar estas burbujas, desde la onerosa fiscalidad, la vivienda cara, los tipos de interés bajos y las propias pensiones públicas modestas.

Sin embargo, como denunció esta semana Manuel Martín Ferrand, acaso pagaremos el desaguisado los contribuyentes. Los vientos soplan en esa demagógica dirección, y Mariano Rajoy se ha cubierto de gloria populista exigiendo al Gobierno «que no deje tirados a los inversores». Al parecer, el que deje tirados a los contribuyentes no es una cosa grave.

Charles Ponzi estafó a la gente pero, en una época con mucho menos intervención que la nuestra, sólo pudo hacerlo durante unos meses. A mediados de 1920 fue detenido, juzgado, y dio con sus huesos en la cárcel.
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