
«Históricamente, las mujeres son más responsables y honestas; piden lo justo, lo que necesitan, y siempre invierten lo que ganan en su familia.» Por todas estas razones, son las mujeres las receptoras de los microcréditos en los países en vías de desarrollo, explica a este periódico Inger Berggren, presidenta del Banco Mundial de la Mujer en España, que abrió las puertas de su sede en nuestro país en 1988, «porque los microcréditos no son sólo para las mujeres del tercer mundo».
De hecho, el Banco Mundial de la Mujer está implantado en más de cuarenta países, explica Berggren, que participó ayer en unas jornadas sobre los microcréditos organizadas por la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (Cear), junto al Gobierno de Canarias, la concejalía de Solidaridad de Arucas y Casa África, que acogió las ponencias.
Con un microcrédito de sólo unos 38 euros, explicó ayer el vicepresidente de la Fundación Cear, Ignacio Díaz de Aguilar, «se cambia la vida de muchas familias africanas», que invierten esas cantidades en actividades agrícolas o ganaderas. Según Díaz de Aguilar, «es una de las herramientas más eficaces para luchar contra la pobreza no sólo en países africanos, sino en todas las zonas en vías de desarrollo».
Según Muhammad Yunus, premio Nobel y fundador y director gerente del Banco Grameen, «el microcrédito no funciona para todos, ni es la panacea pero sí que es el instrumento más poderoso que hemos desarrollado hasta la fecha para ayudar a multitud de personas entre los muy pobres -los que viven con menos de un dólar por día- a salir de la pobreza con dignidad».
En sus múltiples intervenciones a lo ancho y largo de todo el planeta Yunus cuenta que los microcréditos se pusieron en marcha «para llenar un vacío en el ámbito de acción de los bancos. Los pobres no podían tener acceso al capital por medio de los bancos tradicionales. Así que, cuando los bancos prestaban a los ricos, nosotros prestábamos a los pobres. Cuando los bancos prestaban a los hombres, nosotros prestábamos a las mujeres. Cuando los bancos daban préstamos grandes, nosotros otorgábamos préstamos pequeños. Cuando los bancos requerían garantías subsidiarias, nuestros préstamos eran concedidos sin aval».
En España «también son necesarios estos instrumentos, que ayudan a muchas mujeres que viven en situaciones de precariedad». En concreto, desde la implantación del Banco Mundial de la Mujer en este país, ya se han beneficiado de microcréditos 270 mujeres, de las que sólo cinco residían en Canarias, «porque quizás hasta aquí no llega tanto la información», relata Berggren.
Los microcréditos «que concedemos alcanzan hasta los 25.000 euros, y también facilitamos el acceso a préstamos con bajo interés».
Entre las dos categorías, explica, «ya hemos ayudado a crear 3.500 empresas». Y si bien en un principio la mayoría de mujeres que demandaban los microcréditos eran españolas, «ahora un 65 por ciento de las solicitantes son inmigrantes, casi todas de América Latina». Para ellas, «es más sencillo por el idioma y las costumbres integrarse en la sociedad española y su mercado laboral». Además, «en contra de lo que suele pensarse, hay un elevado porcentaje de mujeres sudamericanas que poseen estudios universitarios».
Tan sólo una decena de las mujeres que han acudido al Banco Mundial de la Mujer en España en los últimos años son africanas, «de Guinea y Marruecos», comentó Berggren antes de comenzar con su ponencia en Casa África. Al final de la jornada se proyectó el cortometraje `Yakaar, en sus manos´, de la Fundación Cear, rodado en Senegal por el colectivo `Silencio, mujeres rodando´.



