JUAN VICENTE BOO. CORRESPONSAL ROMA. Muy discretamente, casi de puntillas, Benedicto XVI ha dado el primer paso de «adelgazamiento» de la Curia romana asignando a los cardenales Paul Poupard y Renato Martino la jefatura de dos departamentos que habían quedado sin titular en las últimas semanas y que podrían «fundirse» con los que ambos cardenales ya presidían, ya que desempeñan tareas complementarias.
El Papa ha encomendado al cardenal francés Paul Poupard, presidente del Consejo Pontificio de Cultura, la presidencia del Consejo Pontificio para el Diálogo Interreligioso, que se ocupa de las relaciones con el Islam, el budismo y todas las religiones excepto el judaísmo, que corresponde al Consejo Pontificio para la Unidad de los Cristianos. El purpurado francés, de 75 años, experto en historia de las religiones, puede asumir con rapidez la tarea desempeñada hasta hace poco por el arzobispo británico Michael Fitzgerald, nombrado nuncio apostólico en El Cairo y embajador ante la Liga Árabe.
Según el Vaticano, el Papa ha unificado la presidencia de ambos Consejos Pontificios «para favorecer un diálogo más intenso entre los hombres de cultura y los exponentes de las diversas religiones». De hecho, el Consejo Pontificio de Cultura, creado por Juan Pablo II en 1982, se ocupaba también del diálogo con el mundo de quienes no creen en ninguna religión y de estudiar fenómenos como «New Age».
Al mismo tiempo, Benedicto XVI ha encomendado al cardenal italiano Renato Martino, presidente del Consejo Pontificio Justicia y Paz, la jefatura del Consejo Pontificio de la Pastoral de Emigrantes e Itinerantes, que se ocupa también de los refugiados. La vacante se había producido al aceptar el Papa la renuncia presentada por el cardenal japonés Stephen Fumio Hamao al cumplir los 75 años de edad.
De carácter temporal
Estas dos primeras unificaciones de la jefatura de Consejos Pontificios son medidas a título temporal, que irán probablemente seguidas de otras similares antes de que el Papa reorganice formalmente la Curia. En medios vaticanos se considera posible la unificación de otros consejos pontificios relativamente «cercanos» como el de Laicos y el de Familia, o incorporar el de «Cor Unum», que se ocupa de las obras de caridad del Papa, al de Justicia y Paz.
A lo largo de los últimos años, el cardenal Joseph Ratzinger había propuesto varias veces estudiar «si son necesarios todos los dicasterios que existen en la actualidad», es decir, 9 congregaciones, 3 tribunales, 11 consejos pontificios y 3 oficios, a los que se suman una treintena de organismos menores entre comisiones pontificias, academias pontificias, etcétera. La opinión general es que simplificar el organigrama de la Curia romana no sólo disminuirá los costes en términos de personas y recursos, sino que facilitará un trabajo más rápido y eficaz. La reforma de la Curia será abordada por el Papa y los cardenales de todo el mundo en el «consistorio extraordinario» del próximo 23 de marzo, previo a la imposición de la birreta a 15 nuevos cardenales.



