Un reciente sondeo realizado por la primera cadena de televisión árabe, Al Yasira, ha revelado que el 80 por ciento de los encuestados considera legítima la ejecución de rehenes occidentales en Irak. Dado que Al Yasira, la réplica árabe de la CNN, se jacta de contar con una audiencia cercana a los 50 millones de espectadores diarios, el sondeo electrónico de la cadena qatarí -con todas las reservas que se quieran aducir- resulta muy poco divertido.
Así que no hay más remedio que tamizar las buenas noticias de Oriente Próximo que aparecen en los titulares. La presunta «primavera árabe» tiene cierto fundamento. Hay movimientos en la superficie de los regímenes totalitarios árabes, tanto en los de corte integrista como en los laicos. Probablemente la revuelta pacífica en el Líbano contra la tutela siria no ha hecho más que comenzar. Egipto ha establecido, por decreto-ley, elecciones multipartidistas. Arabia Saudí lleva a cabo desde febrero un simulacro de elecciones municipales. Un puñado de mujeres kuwaitíes sin velo se han manifestado en la capital, precisamente el Día Internacional de la Mujer, para reclamar un mínimo de derechos. Siria promete retirar sus tropas del Líbano, pero antes se ha asegurado de apuntalar un Gobierno títere en Beirut.
En las pantallas de los nuevos fenómenos mediáticos árabes, financiados por las fortunas del Golfo, los titulares van por otros derroteros. No interesa el lirio democrático que aparece en el ojal de los analistas entrevistados por los medios occidentales. Interesa el kalasnikov de la resistencia iraquí, los atropellos de la soldadesca norteamericana e israelí en los territorios ocupados, el nacionalismo bravucón de la guerrilla libanesa de Hizbolá, la amarga aventura cotidiana de los palestinos apátridas.
Los nuevos medios árabes enfocan y agigantan la enfermedad y enardecen al ciudadano de a pie. ¿Por qué exige Estados Unidos una fecha para la retirada siria del Líbano sin concretar cuándo hará sus petates en Irak? Preguntas sin respuesta. Doble estándar de la política norteamericana en Oriente Próximo que ahonda el foso entre el deseo y la realidad, la cruda realidad del mundo árabe.



