
Marcello Dell´Utri, durante una rueda de prensa ayer en un hotel de Roma EPA
JROMA. El senador Marcello Dell´Utri, verdadero «alter ego» de Silvio Berlusconi en los años de organización de Forza Italia, fue condenado ayer por el Tribunal de Palermo a nueve años de cárcel por colaboración con la mafia y a la inhabilitación perpetua para el ejercicio de cargos públicos.
La sentencia, que prueba un enlace a alto nivel entre la mafia y la política, desató una verdadera tempestad justo al día siguiente de que el Tribunal de Milán declarase aSilvio Berlusconi responsable de haber sobornado en 1991 a un juez de Roma pero, al mismo tiempo, le absolviese mediante el adelanto del plazo de prescripción.
El delito de «colaboración externa» con la mafia consiste en ayudar a los «capos» de Cosa Nostra sin llegar a formar parte de la banda. El servicio de Dell´Utri consistía en actuar como enlace con el mundo empresarial y político de Milán, empezando por las empresas y el partido de Silvio Berlusconi. La antigua estrategia mafiosa de choque frontal con el estado - ejecutada por Totó Riína mediante el asesinato de policías y magistrados como Giovanni Falcone y Paolo Borsellino en 1992-, quedó atrás cuando los demás «capos» decidieron que les perjudicaba y facilitaron el arresto de Riína.
Desde entonces domina la estrategia de la «mafia invisible» del «inarrestable» Bernardo Provenzano, que consiste en disminuir el número de muertos en las aceras mientras aumenta el control de sectores de la economía legal y de las instituciones. De ese modo se aumenta el poder y, al disminuir la alarma popular, se debilita la resistencia del cuerpo social. En este proyecto, que está dando gran resultado a Cosa Nostra, Dell´Utri era una pieza de gran valor.
Mafioso «reservado»
La sentencia condena también al coimputado Gaetano Ciná a siete años de cárcel por «asociación mafiosa» -pertenencia plena-, y le inhabilita perpetuamente para el desempeño de cargos públicos.Ciná, desconocido fuera de Italia hasta ayer, era un mafioso «reservado», es decir, cuya pertenencia a Cosa Nostra conocían tan solo los grandes jefes de la organización criminal.
Aparte de ser el «capo» de la familia de Malaspina, su principal cometido era el de enlace de la cúpula de Cosa Nostra con Marcello Dell´Utri.Fue precisamente Ciná quien asignó a Dell´Utri el «capo» Vittorio Mangano para que desempeñase el papel de jefe de las caballerizas en la villa de Silvio Berlusconi en Arcore, en las afueras de Milán, probablemente como factor disuasorio frente a posibles secuestros, que menudeaban en aquellos años.
La sentencia condenatoria restablece el honor de los dos fiscales, Antonio Ingroia y Domenico Gozzo, víctimas de una larga campaña de descrédito por los partidos de centro derecha. Según Ingroia, «aunque no sea definitiva, la sentencia confirma de modo evidente la validez de las pruebas de la acusación, y despeja de una vez todas las falsedades e insultos vertidos sobre nosotros hasta ahora».
En el farragoso sistema italiano, las condenas penales sólo son ejecutivas cuando las confirma un segundo tribunal, por lo que Dell´Utri seguirá en libertad y no esta jurídicamente obligado a renunciar a su escaño en el Senado ni al cargo de delegado italiano en la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa, al que se le promovió como un modo suplementario de facilitarle inmunidad.
En el origen de Forza Italia
Marcello Dell´Utri, amigo de Silvio Berlusconi desde que ambos estudiaban en la Universidad Estatal de Milán, multiplicó el volumen de negocios de Publitalia durante su etapa de consejero delegado pero, sobre todo, fue el hombre de confianza del «Cavaliere» para construir de la nada, en 1993, un movimiento populista denominado Forza Italia, como los gritos de ánimo a la selección nacional de fútbol.
Apoyándose en el descrédito de la política «de siempre» y en los recursos humanos y organizativos de Publitalia, el nuevo movimiento se convirtió en una onda arrolladora y logró ganar, junto con la Liga Norte, las elecciones celebradas el año 1994, rellenando el hueco dejado por la descomposición del «pentapartito» tras el escándalo de «Manos Limpias».



