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Boris Vian: la espuma de la vida

Hay libros que merecen ser celebrados. Cómo éste. Imaginemos un club de Saint Germain de nombre «Demipage», mucho humo de Gitanes y otras hierbas, una trompeta desenfrenada, olas de alcohol bailando

Actualizado 12/10/2009 - 04:00:01
Hay libros que merecen ser celebrados. Cómo éste. Imaginemos un club de Saint Germain de nombre «Demipage», mucho humo de Gitanes y otras hierbas, una trompeta desenfrenada, olas de alcohol bailando cerebros hasta el amanecer y una canción cuyo estribillo repita incansable: «No me gustaría palmarla». Es posible que a ningún presidente de Gobierno, ni ministra de Sanidad le agrade semejante panorama, pero a los seguidores de Boris Vian les volverá locos.
«No me gustaría palmarla» es una joyita que pasea por el bulevar de los libros libres sabiéndose deseada. Una experienciapoéticay artística que merece ocupar lugar en la inteligencia y en la biblioteca de los que entienden que el centro de gravedad tiene mucho de vida subterránea. Una celebración del lobo hombre que vivió en el París del «Menos mal que nos queda». Del Vian que trató de tú al Mal y que viene a celebrarse 50 años después de haberla palmado en la sala oscura de un cine, mientras veía la adaptación abominable que se hizo de su novela: «Escupiré sobre vuestras tumbas».
El sublime desertor no vuelve solo. Se acompaña de un Big Band de españoles que le traducen y de artistas franceses y canadienses que ilustran su catarata de imágenes poéticas.Entre los primeros, Javier Crahe, Fernando Savater, Luis Alberto de Cuenca, Santiago Auserón y un atractivo etcétera hasta 24. Entre los segundos, Martín Matje -impulsor del proyecto, que tuvo la póstuma elegancia de palmarla antes de verlo concluido- , Loustal, Koechlin, Gerard Dubois, Chistophe Merlín,JacekJarnuszkiewicz, Dupuy-Berberian, Serge Leclerc.
Revivamos el Vian surrealista: «Yo deseo una vida en forma de arista, sobre un plato azul. Yo deseo una vida en forma de cosa». El Vian sarcástico con su propia poesía: «Todo fue dicho cien veces y mucho mejor que por mí. Entonces cuando escribo versos me divierto, me divierto, me divierto y me cago en ti».El Vian amante, el que presentía bocas y reivindicaba hacer el amor escuchando a Duke Ellington y la música de Nueva Orleáns: «...No quisiera morir sin haber agotado mis labios en sus labios. Mi todo con su todo. Su todo con mis manos...».
«No me gustaría palmarla» recrea la síntesis vital de un calvo indeciso. Unainteligencia desmelenadaeninmensos mechones de hierba roja,príncipe del hedonismo y de la juerga, fustigador del poder, insumiso del aburrimiento, creador de canciones, látigo de burocracias, víctima de tribunales que confundieron la ley con la justicia, diletante del arte, trompinetista de la vida,como si ésta fuera un aire expulsado hacia adentro.
Vian es el poeta sin Parnaso, elamante seminal y exacerbado, el ingeniero del existencialismo provocador, el novelista negro cuando se hacía llamar Vernon, el ilustre sátrapa de la noche, el inspirador de revoluciones después de muerto (los adoquines del 68 cantaron a su lápida). La espumainmortal de los días nos lo devuelve cada cierto tiempo, porque como decía Coco Chanel: «La libertad nunca se pasa de moda».
Celebremos como se mereceesta desembocadura poética del Sena en el Manzanares. Con pasteles pinchados en el tocadiscos, con arqueólogos que excavancuevas de fe, con perros existencialistas y filósofos que aspiran a clubs de fanáticos. Celebremos esta intensabiografía de corta vida que, como el agua de la genialidad, vuelve recurrente cada cierto tiempo. Anegando y reivindicando lo que es suyo. Su nombre es Vian, Boris Vian.
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