MADRID. El escritor argentino Juan Forn presenta en España su última novela, «Puras mentiras», que transcurre en un pueblo inventado, Pampa del Mar.
Respecto a esto, Forn cree que ante la crisis de su país «hay que salir de las ciudades, poblar la Patria, ocupar lugares más chicos, con más posibilidades de reencontrar vasos comunicantes solidarios absolutamente necesarios para la refundación del país».
Esa misma idea la pondrá en práctica Forn al irse a vivir al interior con su mujer y su hija. Le hace gracia «la forma descabellada y excéntrica que esa idea adoptó en la ficción: un tipo sufre una crisis terminal en su vida, coronada por la muerte de su mujer, se va de la ciudad, y descubre un pueblo construido por fabuladores y gente que, como él, huye del pasado y del futuro. Allí comprende las rarísimas y paradójicas reglas de la solidaridad».
Volviendo a la política...
Los escritores de su generación (Forn nació en 1959), dice, «tuvimos un rechazo casi visceral por la política, por las experiencias que vivimos desde chicos. Curiosamente, ahora el país demanda una reformulación de la política en serio, porque para que el país salga adelante no le podemos dar la espalda al tema. A mí, nada me resulta más fácil que sacarme la política de encima. Aspiro a vivir en un país lo suficientemente civilizado, en el que las desigualdades sociales se achiquen como para que la política ocupe un lugar secundario, y se convierta en mera administración».
Cree que «en la idea de inventar un pueblo hay influencia directa de la Santa María de Onetti, la Comala de Rulfo; o la reinvención que hace Puig de General Villegas, o Bryce Echenique de Lima en sus primeros libros».
«Puras mentiras» trabaja en el registro de la oralidad. Para Forn es indispensable «desarrollar el músculo del oído». En eso, cree, «los grandes maestros en la Argentina son Puig, Bioy y Soriano. Un buen oído es una de las herramientas más útiles para un escritor, aunque no se usa mucho: al escritor le gusta más escucharse a sí mismo que a los demás».
Piensa que «en una época de crisis se vende menos, pero los lectores establecen una relación con el texto más intensa, le sacan más el jugo. Hay una relación casi personal entre los escritores y sus lectores. A los lectores que haya tenido este libro, sé que me los gané, y que me van a seguir leyendo».