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Zapatero: «Siempre positifo»

TOMÁS CUESTACUANDO arremete contra los pesimistas, los mohínos, los cenizos y

Actualizado 12/07/2008 - 07:45:38
CUANDO arremete contra los pesimistas, los mohínos, los cenizos y los malcontentos; cuando pone la cara de mentir (esa de ¿qué he hecho yo para merecer esto?) y reivindica la fe del carbonero; cuando se transfigura en un Júpiter tonante -o tunante, si quieren- y abruma a los escépticos con rayos y centellas; cuando se gusta a sí mismo en la faena, el señor Zapatero es clavadito a Louis Van Gaal: un genio en el arte de echar balones fuera. Van Gaal -baste un ligero apunte, en atención a aquellos que no son futboleros- fue entrenador del Barcelona antes de convertirse (el Barça, no Van Gaal) en una sucursal de Esquerra. Lo cierto es que el equipo jugaba regular y el hincha furibundo (o sea, el «culé emprenyat»: ahí va nuestro homenaje a la España diversa) amanecía cada lunes dispuesto a cortar cabezas igual que un almogávar en las tierras de Oriente. Resultaba, además, que el técnico holandés era uno de esos tipos que rompen a chuletas y el espectáculo que racaneaba sobre el césped lo suplía, con creces, en las ruedas de prensa. Pero eso, al «culé emprenyat», no le servia de consuelo. En cualquier caso, Van Gaal era un fenómeno elaborando frases célebres y, antes de que le dieran la boleta, esculpió una sentencia inmarchitable al callarle la boca a un reportero intrépido: «Siempre negatifo, nunca positifo». Ni el maestro Gracián, el paladín del conceptismo, látigo de farragosos, mago de quintaesencias, habría expresado más con menos.
El presidente ha adoptado el «dictum» de Van Gaal como lema político, como detente-bala y como programa de Gobierno. Si Giddens alumbró aquella «Tercera Vía» que le sirvió a Tony Blair de lanzadera, el denostado Louis Van Gaal -sin dárselas de nada, incluso sin darse cuenta- es el progenitor del optimismo antropológico que ha catapultado a Zapatero. Ser «positifo» hasta la médula y no darle cuartel al titubeo, no sólo consiste en «sostenella y no enmendalla», en alejar el cáliz y en negar la evidencia. Hay que reivindicar, también, que todo problemilla sería un problemazo mandando los de enfrente y que el que no se conforma es porque no quiere. Ya lo dijo Van Gaal -el gran Van Gaal-, con un par de pelotas y un morro de cemento: «Nosotros no haber tocado fondo, nosotros no ocupar último puesto». Y tenía razón, «stricto sensu», aunque el «culé emprenyat» se acordase de Flandes, y de los Tercios Viejos, y del Duque de Alba, que no hizo los deberes. O sea, resumiendo, que ni Philip Pettit, ni Stiglitz, ni Lakoff, ni Wolfgang Merkel... El único intelectual que ha dejado huella en la materia gris del señor Zapatero ha sido Louis Van Gaal, un personaje que tuvo la desgracia de ir por delante de su tiempo y acabó escabechado, igual que tantos otros, por la implacable conjura de los necios.
Si el positivismo -en su versión original- dictaminaba que lo que no es verificable a través de la ciencia es imposible que sea verdadero, el «positifismo», en cambio, sostiene a pie juntillas que lo que verifica la verdad es el consejo de ministros de los viernes. Aznar, que era un devoto de Cernuda, no llegó a asimilar «La realidad y el deseo». Rodríguez Zapatero -pese a haber sido educado con los paupérrimos versillos del pobre Gamoneda- funge de cernudiano de la cruz a la fecha y trastoca las ganas con el cumplimiento. «Carpe diem», ya saben: disfruten del presente que, total, son cuatro días mal contados y uno, se supone, lo paga el desempleo. Así que, «a las penas, puñalás» (puñaladas de pícaro, obviamente ) que luego será el llanto y el echar las muelas. Mírense en el espejo del señor Zapatero que ha logrado llegar al ferragosto sin que le metan fierro y sin dejarse un pelo en la gatera. Porque, según la oposición chikilicuátrica, las uvas están verdes (zorrea, zorrea) y la vendimia, como pronto, comenzará a mediados de septiembre. «Su paciencia era una forma de valor», escribió Joseph Conrad de un viejo marinero. Valor, pues, y paciencia. «Siempre positifos, nunca negatifos». Lo único negatifo que hay en este país es la declaración de Hacienda del presidente Zapatero.
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