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La estatura de Rajoy

Actualizado 12/07/2005 - 08:44:05

SI, para entendernos, aplicamos el término civilización como opuesto al de barbarie estaremos reduciendo al absurdo la «alianza de civilizaciones» que tanto seduce a José Luis Rodríguez Zapatero. Más aún, si acudimos a los clásicos en los que se asienta el pensamiento contemporáneo, nos encontraremos con el concepto previo de civilidad: una norma de conducta, no exenta de brillos éticos, que conforma un modelo deseable de convivencia hasta establecer una civilización, algo ya más complejo en donde se introducen los factores modificadores que aportan las leyes y la cultura. ¿Es posible la «alianza» entre una civilización como la nuestra y otra que tenga como fundamento nuestra propia destrucción?

Digo lo de más arriba con especial remite para María Teresa Fernández de la Vega, la vicepresidenta del Gobierno, que ha tomado para sí la voluntariosa defensa de los dichos de Zapatero -hechos no genera el presidente- y, para ello, no pierde oportunidad de esculpir en piedra las más evidentes vaciedades. Así, por ejemplo, asegura la vicepresidenta que Mariano Rajoy «no está a la altura» a que debiera obligarle su rango por la irresponsabilidad que denota «utilizar el atentado de Londres para erosionar al Gobierno». Es la respuesta a la inoportuna repetición de la prédica del presidente sobre su alianza preferida, posiblemente la única idea política que le bulle en la cabeza.

Eso de «la altura» es, por supuesto, un valor relativo. Se es más o menos alto en la comparación con los próximos y, frente al terrorismo y en la formulación de su condena, nadie puede decir con seriedad que Rajoy sea bajito. Menos aún en la comparación directa con Zapatero. Otra cosa es cuando el líder del PP, en el calor de los fastos que organiza su partido, pierde la dimensión del escenario. Este pasado fin de semana, por ejemplo, estuvo en Cantabria, en la Bien Aparecida, en un baño de militantes que, sin sentido autocrítico alguno, parecían celebrar el haber perdido el poder de Gobierno en la Región. Lejos de sentar las bases para reconstruir las fuerzas del pasado, Rajoy arremetió contra el PSOE y el PRC -«un Gobierno de perdedores»- en olvido de que el PRC de Miguel Ángel Revilla fue el socio de los populares cuando José Joaquín Martínez Sieso despilfarró la potencialidad del poder.

Tal y como se ven las cosas en Cantabria, en donde se reproduce el caso de Galicia y de otras tantas Autonomías, el PP puede seguir siendo la fuerza más votada; pero gobernarán, como dice Rajoy, «los perdedores». ¿No sería más eficaz y oportuno tender puentes, para cuando corresponda, con los próximos? En esto, no en lo del terrorismo, sí se le puede dar un punto de razón a la vicepresidenta Fernández de la Vega: a Rajoy le falta estatura o, más posiblemente, ganas de mostrarse erguido, con la planta de un mozo con deseos de merecer.
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