La visita de Estado que realiza el presidente Felipe Calderón ha de ser la ocasión para reforzar la alianza estratégica que une a España y México. Con esta gran nación hermana compartimos los principales valores políticos y culturales, somos buenos socios comerciales -a pesar de las inmensas potencialidades aún sin explorar- y tenemos una larga historia en común. España necesita un aliado firme y seguro entre los principales países iberoamericanos y México, a un defensor de sus intereses en Europa; es difícil hallar mayor grado de complementariedad entre dos países.
Precisamente en estos momentos de turbulencias, cuando en el continente americano se han desatado fuerzas populistas que intentan desestabilizar la región, es más importante que nunca la influencia positiva de México. México a su vez necesita seguir avanzando en la modernización de sus estructuras políticas para lograr «el país que los mexicanos merecemos», como lo describió el propio Calderón en su discurso solemne en el Congreso. México es un país rico en el que habitan todavía demasiados pobres. Ojalá que Calderón pueda ser el presidente que lleve a cabo las reformas políticas e institucionales que permitan a la nación librarse de las lacras de la corrupción y la violencia asociada al narcotráfico. España está obligada a ofrecer toda la ayuda que esté en sus manos a este país hermano cuya amistad tanto nos enriquece.


