
MADRID. «Por Orticón, Satiricón y Plumbicón, bombardearemos abrazados la televisión y emitiremos desde los escombros escenas que llenarán de asombro: una ancianita que estalla en mitad de la pantalla y un huérfano que hace explosión patrocinado por Enrón. Repartiremos las ventajas de la evolución: cada hombre tendrá su muñón y nosotros venderemos las muletas, en dólares y en pesetas. Y bomba a bomba, verso a verso democratizaremos también el universo». Por lo visto, la bruja Avería sigue al cabo de la calle. Ha vuelto a sus fans del siglo XXI en un texto casi vivo, «El libro de la bola de cristal», que electrocuta las manos. Recién presentado por Lolo Rico, creadora del famoso programa de TVE, este espacio de hora y media hipnotizó a niños, adolescentes y mayores entre 1984 y 1988.
Electroduendes en la era digital
La música del espacio también ha sido recuperada en un CD con 30 temas del mismo nombre, editado por Subterfuge, que recoge temas originales remasterizados, en los que incluso se cuelan voces como la de Jesús Ordovás hablando sobre el tema. Los electroduendes y brujas varias de «La bola» vuelven también a la vida en DVD a finales de mayo.
Para sorpresa y alborozo de muchos, una exposición organizada por el Ayuntamiento y la Universidad de Alcalá de Henares de Madrid dedican este año parte de su Festival de la Palabra a «La bola», exponiendo objetos que se utilizaron en su grabación. Una peluca de Cayetana Gurruchaga, su Premio Ondas de 1986 (un tanto deteriorado por el paso del tiempo), electroduendes colgantes y la proyección de los primeros videoclips de la música en España, así como las historietas de los electroduendes y la bruja Avería en patio de butacas.
Los seguidores del programa, más de cinco millones las mañanas de los sábados y de todas las edades, han recibido la noticia de la resurección del espacio como un regalo. «La Bola fue un producto libérrimo y universal porque planteaba problemas de índole social, laboral, ecológico... Las imágenes, vistas ahora, son plenamente vigentes», explica Lolo Rico, que se siente otra vez metida en su mágica bola. Además, se hablaba de lecturas, se fomentaba la poesía, la música, y aprovechando la estética de la movida («aunque no su ideología, porque carecía de ella», dice Rico) todos los grupos importantes de la época se pasearon por «La Bola» e hicieron canciones especiales para el programa.
La musa de Rockola
Enganchaba a los más pequeños con las inteligentes historias de los electroduendes y a los adolescentes y más mayores con la música y la cultura en clave de farsa. Al final, todos estaban frente a la tele con los ojos como platos.
«A Alaska la vi por la calle un día y pensé: «Esa chica me serviría para el programa». Volví a verla después y ya me enteré de quién era, por lo que fui a conocerla a la sala Rockola, un lugar que fue una fuente de inspiración para mí en esa época», cuenta Rico. Pablo Carbonell, Santiago Auserón, Pedro Reyes, Loquillo y otras tantas caras conocidas que entonces no lo eran empezaron a desfilar las mañanas sabatinas, que invitaban a conectar la tele.
Para ella, el programa podría volver a hacerse en una TV pública que diera suficiente libertad de acción. «Somos de izquierdas y se nos notaba, pero nuestro objetivo principal era enseñar a pensar a los niños o adolescentes que pudieran vernos. Luego nos dimos cuenta de que muchos adultos se enganchaban al programa y yo creo que esa es la prueba de que hacíamos algo de calidad: al tratar a los niños como personas inteligentes, los mayores podían verlos sin aburrirse».
Los muñecos decían cosas como «Si no quieres ser como ellos, lee» o «tienes quince segundos para imaginar; si no se te ha ocurrido nada, a lo mejor deberías ver menos la tele». Todo lo contrario a nuestro panorama de violencia-basura actual. Les tocó la época de Calviño y Pilar Miró. ¿Hubo censura? «Había cosas que hacíamos y luego nos agarrábamos a la mesa para ver qué pasaba. Nunca pasó nada y pudimos hacer nuestros noticieros satíricos, y nuestros muñecos pudieron arremeter contra los centros comerciales, el exceso de televisión, la poca lectura, la política de Reagan...Nunca me he divertido tanto trabajando», recuerda la directora.
Gurruchaga: el cuarto hombre
Javier Gurruchaga fue otro fichaje espectacular: llegó para hacer una docena de espacios informativos cortos al estilo «La bola» y se quedó tres años pergeñando su famosa «Cuarta parte», en la que reinventó a sus padres (Cayetana y Javier Gurruchaga), escogió imágenes del NO-DO y del archivo de TVE para sus noticieros transgresores, e incluso utilizó su propia casa como escenario de los números. «Era maravilloso levantarse cinco minutos antes y que vinieran», dice el artista, quien reivindica la reposición del programa. Aunque Rico revela que la casa del artista sirvió numerosas veces de escenario «porque no había quien lo levantara de la cama para grabar».



