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MUJER EN LA VENTANA _ ELENA SANZ Cantante de ópera y amante de Alfonso XII

POR MERCEDES DE LA FUENTESólo Elena Sanz logró anestesiar el dolor de Alfonso XII cuando el rey, a punto de enloquecer, se desplazaba a diario al panteón de El Escorial para llorar ante la tumba de la

Actualizado 12/04/2008 - 02:53:03
POR MERCEDES DE LA FUENTE
Sólo Elena Sanz logró anestesiar el dolor de Alfonso XII cuando el rey, a punto de enloquecer, se desplazaba a diario al panteón de El Escorial para llorar ante la tumba de la reina María de las Mercedes, su prima y esposa durante apenas cinco meses, muerta a los dieciocho años.
Y es que Elena fue una persona especial, tanto por su maravillosa voz de contralto, dúctil y con una tesitura inusual entre las voces españolas, como por ser «elegantísima, guapetona, de grandes ojos negros fulgurantes, espléndida de hechuras, bien plantada...», según Pérez Galdós, e impactante según Emilio Castelar: «Quien haya visto en su vida a Elena Sanz no podrá olvidarla».
Nacida en 1844 en Castellón de la Plana, su familia se traslada a Madrid y Elena ingresa en el curioso Colegio de las Niñas de Leganés, que ofrecía una esmerada educación para niñas pobres y hermosas porque, consideraba, eran las más expuestas a perder la virtud. Su voz destacó enseguida en el coro hasta el punto de llegar a oídos de Isabel II, que se convirtió en su protectora.
La rueda de la fortuna gira y en 1872 la reina vive exiliada en París, su hijo Alfonso estudia en un colegio vienés y España celebra orgullosa la carrera triunfal de la Sanz que, recién llegada de América, actúa en el Teatro Imperial de Viena y visita por cortesía al joven Borbón, un adolescente vivaz y políglota de quince años encantado de conocer a la popular diva de la ópera, trece años mayor que él.
Ya rey y viudo, Alfonso es prácticamente obligado a inaugurar la temporada del Teatro Real y allí acontece la primera escena de una pasión que dejaría dos hijos -Alfonso y Fernando- y alejaría a Elena de la ópera para convertirse en «la otra» e instalarse en una lujosa vivienda parisina regalada por su amante. El hijo mayor nació en 1880, dos meses después de las segundas nupcias de Alfonso con María Cristina de Habsburgo, quien tuvo que ver cómo su suegra amadrinaba al nieto ilegítimo y se refería a Elena como «mi nuera ante Dios».
Un libreto sin duda difícil para ambas mujeres que, ironías del destino, cerraron un trato tras la prematura muerte del rey por tuberculosis en 1885: Elena vendió las cartas amorosas a la Corona para mantener el estatus de sus hijos y María Cristina las aceptó para preservar el de sus hijas y su hijo póstumo, el futuro Alfonso XIII.
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