JESÚS DE LA MORENA EX COMISARIO GENERAL DE INFORMACIÓN
POR DOLORES MARTÍNEZ
MADRID. Egin, KAS, Gestoras, Jarrai y para completar el repóquer... Batasuna. Parecía una locura. Nada más llegar a la Comisaría General de Información, allá por mayo de 1996, Jesús de la Morena (Madrid, 1953) se propuso abrir una vía inexplorada en la lucha contra el terrorismo.
Sin descuidar el hostigamiento tradicional a los «comandos», a esa ETA visible de los casi mil asesinatos, el comisario de Información -abogado de formación, hombre callado y discreto- le propuso al ministro Mayor Oreja el más ambicioso proyecto antiterrorista jamás ideado en Interior: sacar a la luz y poner a disposición judicial a la «ETA invisible», aquella que trabajaba codo con codo con los pistoleros desde la política, el periodismo o los tinglados financieros.
Semejante empresa aparecía como un Everest inexpugnable. Para ello era necesario recopilar millares de evidencias y sistematizarlas en el gran laboratorio antietarra que De la Morena montó en Información. Y así fueron carne de banquillo el aparato de presos, el de propaganda y el de reclutamiento, encarnados en las Gestoras pro-Amnistía, «Egin» y Jarrai.
Este extraordinario éxito policial, basado en interminables horas de trabajo, habría de tener su colofón en las investigaciones llevadas a cabo para poner en su justo sitio a Batasuna. Tan contundente fue el alud de pruebas presentadas por la Comisaría General de Información que todo derivó en la Ley de Partidos y en la ilegalización del complejo batasuno.
El carácter tímido, serio y reflexivo, además de un elevado sentido de la responsabilidad, convertían en un hecho natural que el comisario mantuviera la cabeza en su sitio tanto en los buenos como en los malos momentos. Uno de los peores fue 11 de marzo. En las primeras noches tras esta tragedia, el insomnio se apoderó del sueño y su máxima de «trabajar hasta que el cuerpo aguante» desembocó en la detención de varios de los terroristas. No obstante, al igual que en la lucha contra ETA, De la Morena no se atribuyó ningún protagonismo y todos los méritos los trasladó a su equipo.
De la Morena es reconocido como «un experto policía» que nada tiene que ver con el cliché cinematográfico del «superpolicía», pues a él le encaja más el perfil silente «del hombre tranquilo».



