Este jueves es un gran día para las víctimas de Bernard Madoff. El mayor estafador de la historia americana -se estima que ha estafado 50.000 millones de dólares a 3 millones de personas en todo el mundo- comparecerá ante el juez Denny Chen, donde se espera que se declare culpable de los once cargos presentados contra él y empiece la cuenta atrás para pasar el resto de su vida en prisión.
Este miércoles, 11 de marzo, se cumplieron exactamente tres meses desde el estallido del escándalo y la detención de Madoff, que hasta ahora ha eludido la cárcel bajo fianza de 10 millones de dólares. Pero su libertad de movimientos se restringió muy rápido: empezó con tobillera electrónica, toque de queda nocturno y la prohibición de alejarse de Nueva York mucho más allá de Long Island. Al poco tiempo ya estaba confinado en su apartamento, un lujoso ático en el Upper East Side, y sin poder salir para otra cosa más que para comparecer ante el juzgado.
Tanta "dureza" no convence a la opinión pública, que no entiende cómo otros que han hecho mucho menos dan con sus huesos en la cárcel desde el primer día. Pero a los delincuentes de guante blanco se les suele tratar tal cual. Aunque sólo sea porque tienen algo que negociar con las autoridades: su colaboración es importante para minimizar los efectos de su delito.
Nadie duda de que lleva meses negociandoNadie duda en Nueva York de que Madoff lleva meses negociando con las autoridades para seguir el rastro a parte del dinero desaparecido. Sólo así se entiende el privilegio de seguir durmiendo en su casa y de que nadie haya procesado ni molestado por ahora a su mujer Ruth, a su hermano Peter ni a sus hijos Mark y Andrew.
Teóricamente ninguno de ellos sabía nada. Teóricamente los hijos habrían sido los que denunciaron al padre ante el FBI cuando éste les desveló la magnitud de la estafa. Teóricamente los íntimos de Madoff llevaban todos estos años nadando en la abundancia, sin sospechar lo más mínimo.
Nadie toca a su esposaNo es algo que a todo el mundo le resulte fácil de creer. Y aunque así fuera, muchos se preguntan si en tanto que beneficiarios de la estafa no tienen alguna obligación de responder de ella, por ejemplo con los activos de Ruth Madoff. A la esposa del estafador nadie le ha tocado por ahora un dólar. Mientras esto siga así, la familia Madoff puede salir de este asunto mejor librada que muchas de sus víctimas.
No así el propio Bernard, por supuesto. Declarándose culpable de todos los cargos que se le imputan se hace acreedor de una condena de 150 años de cárcel. Los expertos estiman que como mucho en la práctica le pueden caer 20. Pero para un septuagenario eso equivale a cadena perpetua. Más cuando la notoriedad del caso es tanta que nadie se imagina que ningún tribunal se pueda permitir el lujo de la clemencia. Por mucho que el acusado colabore declarándose culpable y renunciando a su derecho a comparecer ante un gran jurado, lo cual sería mucho más complicado y oneroso para la fiscalía.
Limpiar letrinas en la cárcelNo está el horno para bollos ni para indulgencias. Las víctimas que quieren contar su caso son tantas que no caben en ninguna sala de vistas. El tribunal ha habilitado incluso una dirección de correo para recabar testimonios. A veces la gente simplemente quiere darse el gusto que se dio el exalcalde de Fort Lee (New Jersey), Burt Ross, un inversor burlado por Madoff. En declaraciones a The Wall Street Journal, Ross se mostró partidario de mandar a Madoff cuanto antes a una cárcel lo más sórdida posible: "he oído que es un maníaco de la limpieza; su trabajo en la cárcel debería ser el de limpiar las letrinas".
Ese es el ambiente. Y se deduce que si Madoff está negociando con la fiscalía -la cual niega que haya ningún acuerdo cerrado con el financiero- el objetivo no es salvarse él, sino mantener a su familia lejos de la cárcel y de la ruina.
Pocas semanas antes de su arresto, Madoff aseguró a sus clientes estar en posesión de unos 64.000 millones de dólares -más de lo que le acusan de estafar-, de los cuales sólo se han recuperado por ahora 1.000 millones. Pero no es imposible que previendo su arresto Madoff pusiera una buena porción de dinero a salvo. Consta por ejemplo que su mujer retiró importantes sumas. Pero el dinero de Ruth, insiste Madoff, no tiene nada que ver. Y hasta ahora nadie ha discutido este enfoque.
¿Por cuánto tiempo se mantendrá este pulso? Es posible que las mismas víctimas estén prolongando con sus quejas la libertad de Madoff: pasarán meses hasta que el juez acabe de escuchar y de atender a todos. Y para un hombre de 70 años que enfila la cárcel de por vida, cada mes que pasa fuera de ella vale su peso en oro.



