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«Quiero el cadáver de mi hijo»

Salvador Domínguez buscaba a su hijo desde 1998. Ahora ya sólo busca su cadáver. El 5 de septiembre Alberto salió de Cullera con su petate. Un hermano le acercó en coche hasta Valencia. Tenía previsto

Actualizado 12/03/2007 - 08:18:09
Salvador Domínguez exhibe un cartel con la foto de su hijo
Salvador Domínguez exhibe un cartel con la foto de su hijo
Salvador Domínguez buscaba a su hijo desde 1998. Ahora ya sólo busca su cadáver. El 5 de septiembre Alberto salió de Cullera con su petate. Un hermano le acercó en coche hasta Valencia. Tenía previsto reunirse con su novia, Amparo, y con otra pareja. Se iban de acampada. Aquel encuentro nunca se produjo. Pasado el fin de semana, Alberto no volvió a casa. Tenía 29 años. «Se lo tragó la tierra». Salvador lee y relee la escueta carta remitida el pasado 21 de noviembre por el Ministerio del Interior. «Fue un mazazo inimaginable». Le duele la «falta de sensibilidad» de Alfredo Pérez Rubalcaba. Apenas seis líneas para comunicarle «una tontería», que su hijo esta muerto y que su cadáver se encuentra en Nueva York. Apenas seis líneas en las que este padre valenciano ha encontrado más preguntas que respuestas sobre esos nueve años de ausencia.
No sabe casi nada: ni dónde murió, ni cuándo, ni cómo. Extraoficialmente la Policía de Valencia le ha dicho que su hijo falleció a los pocos días de desaparecer. «¡Y que yo no me entere hasta nueve años después», se lamenta.
Interpol identificó a Alberto Domínguez Turpín porque requirió a la Policía española las huellas dactilares y muestras de ADN de los familiares para cotejarlos. «¿Por qué no me dicen dónde está ese cuerpo del que han sacado las muestras?, yo no entiendo de esto, pero no me fío». Salvador está cansado, dolido, harto de esa burocracia que lo hace todo más amargo. La Policía le dice que Interpol Washington ha desoído las tres reclamaciones que se han formulado para recuperar el cadáver; en el Ministerio de Exteriores le dan la callada por respuesta y la cónsul española en Nueva York le ha prometido estudiar un caso del que asegura no tener conocimiento previo.
En estos nueve años, Salvador ha puesto rostro y voz a 14.600 desaparecidos. Ha recorrido España y ha buscado a Alberto por medio mundo; no le ha quedado teléfono al que llamar ni instancia administrativa a la que recurrir.
El rastro de su hijo se pierde en Colombia. En 2004 Salvador recibió una carta de las autoridades de aquel país. Alberto Domínguez, decían, había entrado en Bogotá el 23 de septiembre de 1998 en un vuelo procedente de Londres. En octubre de ese mismo año tomó otro avión con destino a Miami. Interpol dijo que ninguna persona con ese nombre había entrado en Miami. «Si la Policía de Nueva York encontró el cadáver el 23 de octubre de 1998, ¿por qué en España no se sabe hasta ahora».

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