Asesinos, asesinos, asesinos. Muerte, heridos, dolor, miedo, angustia, andamos como si fuéramos zombies. Maldigo el día en que nacistéis, maldigo la hora en la que cobardemente pusistéis las bombas en los vagones. Maldigo vuestro futuro. No tenéis alma, y mucho menos empatía. El ogro que sois y que os domina no os deja ser libres y tener conciencia de vuestros actos terroristas, más virulentos que una enfermedad maldita incluso por Dios.
No, no os perdono, ni lo haré nunca. Disfrutáis con la muerte de los demás, con el sufrimiento de nuestras familias, amigos y de aquéllos para los que, aun no conociéndolos en persona, tenemos lágrimas. Nuestro dolor, nuestra rabia, es mayor de lo que podéis imaginar.
Terroristas, terroristas, terroristas, manejados por unos cuantos impresentables que disimulan su satisfacción por vuestra mansa sumisión cuando os ordenan cometer estos atentados. ¿Descerebrados? No, sin alma, sin conciencia, nacidos del mal, de la oscuridad. Habéis asesinado a cerca de 200 personas, entre las que se encuentran mujeres embarazadas, niños, estudiantes, obreros. Centenares de heridos, muchos de los cuales morirán también en el transcurso de los días.
Miserables, miserables, miserables. Pensáis que Dios perdona todo, que lucháis por una patria inexistente, inventada por Sabino Arana y seguida por Arzalluz, el PNV, EA, HB/SA. Todo mentira. Y os lo creéis como bien adoctrinados que estáis por la mal llamada Iglesia vasca y por el PNV.
No soy como vosotros, aunque no os tengo ni el más mínimo aprecio. No os deseo lo mismo a vosotros y a vuestras familias. Pero empieza a haber cansancio y empezamos a perder el miedo a plantaros cara.
Somos más y más valientes que vosotros. No nos venceréis. Las víctimas del terrorismo, y los españoles y vasco-españoles, ganaremos esta batalla sucia mucho antes de lo que creéis.
Mi más sincero pésame a las familias de las víctimas muertas. Y a las víctimas heridas también mi más cordial y fuerte abrazo.
Mª Concepción Monsó.
Munguía (Vizcaya).


