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Quién es quién en el 11-M

Rafa Zouhier. Confidente de la Guardia Civil, la Sala detalla un gran número de indicios que le vinculan con el 11-M. Entre ellos, expone los contactos que mantuvo con los miembros de la trama

Actualizado 12/02/2007 - 11:21:37
Rafa Zouhier. Confidente de la Guardia Civil, la Sala detalla un gran número de indicios que le vinculan con el 11-M. Entre ellos, expone los contactos que mantuvo con los miembros de la trama asturiana desde principios del año 2003. Sirvió de enlace entre éstos y los integrantes de la célula islamista de Madrid y participó en varias reuniones en las que se negoció la compra del explosivo. A finales de 2004, se desplazó con «El Chino» a Asturias, donde Suárez Trashorras les hizo entrega de la dinamita utilizada el 11-M.
Jamal Zougam. Presunto autor material de la matanza de Madrid tras haber sido identificado por varios testigos en los trenes de El Pozo y Santa Eugenia, es una «figura relevante en el denominado grupo de Lavapiés», y los indicios existentes contra él en la causa le incluyen «dentro de un entramado islamista yihadista» desde 2001. Del locutorio que este procesado regentaba en Madrid salieron al menos 143 tarjetas telefónicas que fueron utilizadas por los autores de la matanza. Además, existen indicios que relacionan a Zougam con «Mohamed El Egipcio», uno de los presuntos autores intelectuales de los atentados, así como con «Serhane El Tunecino», líder espiritual del 11-M y suicida de Leganés. La Sala afirma que viajó a Asturias junto con «El Chino» y otros procesados el 28 de febrero de 2004 para hacerse con el cargamento de explosivos que los terroristas utilizaron para cometer la matanza. Este dato, sin embargo, no aparece en el auto de procesamiento.
Abdelmajid Bouchar. Se trata del segundo de los presuntos autores materiales de los atentados. Fue identificado por un testigo en una rueda de reconocimiento como una persona que se bajó del tren en la estación anterior a la de la calle Téllez, uno de los escenarios de las explosiones. También fue visto por uno de los policías que vigilaban la vivienda de Leganés en la que se suicidaron siete terroristas. Al parecer fue Bouchar quien avisó a sus compañeros al percatarse de la presencia policial cuando bajó la basura, momento que aprovechó este individuo para huir a la carrera (era corredor de fondo) sin que pudieran apresarle. Bouchar mantuvo «contactos telefónicos y personales reiterados» con otros de los implicados, contactos «supuestamente derivados de la idéntica adscripción ideológica a la yihad islámica». Tras un viaje a Valencia a finales de 2003, junto con Mohamed Afallah (al parecer fallecido en un atentado suicida en Irak) y Allekema Lamari (muerto en Leganés), «volvió más estricto en sus planteamientos religiosos».
Rabei Osman «El Egipcio». La mayor parte de los indicios que pesan sobre este procesado, considerado uno de los tres conspiradores de los atentados del 11-M, se basan en los contactos que mantuvo con otros procesados, como «El Tunecino», Basel Ghalyoun o Fouad El Morabit. Detenido en Milán, se han acreditado en la investigación realizada en Italia «los comentarios» que con diferentes personas de su entorno radical islamista realizó en relación con los atentados de Madrid, sobre los que mostró tener conocimiento y cuya inspiración se autoatribuyó.
Youssef Belhadj. A este procesado se le identifica con el sobrenombre de «Abu Dujana», la persona que reivindicó los atentados en nombre de Al Qaida en la cinta de vídeo hallada en una papelera próxima a la mezquita de la M-30. El perfil radical de Belhadj es uno de los elementos que hacen pensar que se trate del portavoz de Al Qaida en Europa. Como tal, habría realizado labores de adoctrinamiento sobre los procesados Abdelmajid Bouchar y Brahim y Mohamed Moussaten (los dos últimos sobrinos suyos), así como el presuntamente fallecido Mohamed Afallah. Instalado en Bruselas y vinculado con el Grupo Islámico Combatiente Marroquí (GICM), se dedicó a recaudar fondos en una mezquita para sufragar los gastos de traslado de islamistas radicales.
En febrero de 2004 viajó a Madrid, donde mantuvo «contactos personales y telefónicos» con Bouchar, Afallah y sus sobrinos. El 3 de marzo, una semana antes de los atentados de los trenes y de manera precipitada, se marchó de España.
Hassan El Haski. Los indicios que existen contra este procesado se derivan de datos proporcionados a la justicia española a través de comisiones rogatorias, de información policial suministrada desde los países en los que se detectó su presencia o de las declaraciones que sobre él han hecho otros procesados. Así, según las manifestaciones realizadas por un miembro del GICM, El Haski era uno de los líderes de este grupo en las fechas en las que se produjeron los atentados y además aseguró que había oído confesar a este ideólogo que la matanza «la había cometido su grupo», mostrándose por ello orgulloso. Entre las finalidades de la célula que lideraba, se encuentra el conseguir voluntarios para realizar la «guerra santa» con la «absoluta garantía de que los que dieran su vida por la defensa de la religión musulmana conseguirían así el paraíso». Es en este ambiente en el que El Haski animaba a sus discípulos a cometer atentados contra quien había atacado a su pueblo.
Basel Ghalyoun. Considerado por la Fiscalía autor material de la matanza de Madrid, sólo ha sido procesado por un delito de pertenencia a organización terrorista, aunque el Tribunal no ha cerrado la puerta a que se le condene como autor material de los atentados. De hecho, la Fiscalía piensa mantener su criterio en su escrito de acusación provisional, pues considera que existen suficientes indicios para considerarle partícipe directo en los atentados. Fue reconocido por dos testigos (en uno de los escenarios de las explosiones y en un restaurante de Alcalá de Henares, la noche anterior al 11-M). Entre otros elementos incriminatorios figuran las relaciones personales que mantuvo con los suicidas de Leganés y el conocimiento que, según el testimonio de varios imputados, tenía de la voluntad de «El Tunecino» de «cometer atentados terroristas en España». El perfil genético de Basel Ghalyoun fue encontrado en el desescombro del piso de Leganés. También han pesado sus numerosos contactos telefónicos con otros implicados en la matanza.
Fouad el Morabit. Los indicios delictivos contra este procesado se basan fundamentalmente en el contacto telefónico directo que mantuvo antes y después de los atentados con el también procesado Rabei Osman «El Egipcio», así como con «El Tunecino» y Jamal Ahmidan «El Chino», con quien habló en cuatro ocasiones el mismo 11 de marzo de 2004. Para la Sala, el «dato más relevante» de su participación en la matanza es que dio cobijo, junto con Basel Ghalyoun (en la vivienda que ambos compartían en la calle Virgen del Coro), al suicida Asrih Rifaat, persona que «aparece vinculada a la ejecución directa» de los atentados y cuyas ropas fueron encontradas por unos empleados en las cercanías de la estación de Vicálvaro.
Mohamed Bouharrat. Aunque el auto de procesamiento llega a la conclusión de que este procesado no es uno de los autores materiales del atentado, sí ha estado en «contacto continuo» con varios de los acusados tras salir de prisión, donde radicalizó su comportamiento «por razones de tipo religioso derivadas de las exigencias del Corán». Entre los indicios que figuran en la causa constan: la obtención de información sobre posibles objetivos, la aparición de sus huellas en un libro religioso, el hallazgo de fotos suyas tamaño carné y conversaciones telefónicas con varios procesados.
Hamid Ahmidan. Uno de los elementos incriminatorios más importantes es haber acondicionado, junto con Otman el Gnaoui, la vivienda de Chinchón «construyendo bajo el nivel del suelo un zulo» en el que ocultaron explosivos utilizados en los atentados. Además, constan en la causa numerosas llamadas a su primo «El Chino», huellas y perfiles genéticos.
Otman el Gnaoui. El Tribunal destaca el grado de confianza que tenía este procesado con Jamal Ahmidan «El Chino», para quien trabajaba en las obras de Chinchón antes citadas. Además, «utilizaba vehículos situados en la esfera de dominio de Jamal Ahmidan, realizaba los encargos que le encomendaba y era conocedor de las tendencias radicales islamistas de aquél, de su dedicación al tráfico de drogas y de las presuntas actividades de falsificación de documentos personales y relacionados con vehículos». En su declaración ante el juez, reconoció que participó en la construcción del zulo en la finca de Chinchón.
Nasreddine Bousbaa. Admitió que habló con Jamal Ahmidan de unos documentos falsificados. De hecho, los falseó con nombres árabes que «El Chino» le proporcionó; estos documentos fueron recuperados en el desescombro del piso de Leganés.
Mouhannad Almallah. Su asistencia a reuniones celebradas en Virgen del Coro, así como a las que tenían lugar junto a un río próximo a Navalcarnero, son algunos de los indicios que justifican el procesamiento de este individuo, que «ostentaba una posición de ideólogo al servicio de la causa del terrorismo islámico». Almallah tenía relaciones directas con «El Tunecino», Ghalyoun, El Morabit y «El Chino».
Mohamed y Brahim Moussaten. Sobrinos de Youssef y Mimoun Belhadj, los hermanos Mousaten fueron adoctrinados por el primero de ellos. Mohamed facilitó al huido Afallah el teléfono de Belhadj en Bélgica pese a conocer «el nivel de implicación de sus tíos en la labor de proselitismo realizada por éstos a favor de la «yihad»».
Saed El Harrak. Este procesado mantuvo una estrecha relación con varios miembros del comando operativo que cometió los atentados, contactos telefónicos que se intensificaron en las fechas previas al 11 de marzo. Algunas de esas llamadas fueron localizadas en un lugar próximo a las vías del tren en Mocejón, donde los terroristas intentaron volar el AVE Madrid-Sevilla.
Emilio Suárez Trashorras. El ex minero asturiano es el procesado sobre el que recaen las acusaciones más graves, pues se le considera cooperador necesario no sólo de los atentados de los trenes (que causaron la muerte a 191 personas y heridas a otras 1.755), sino también de la explosión del piso de Leganés (en el que se suicidaron siete islamistas, falleció un geo y
otros 18 resultaron heridos). Trashorras suministró todo el explosivo al grupo liderado por Jamal Ahmidan, «El Chino», actividad sobre la que existen múltiples indicios que llevan a la Sala a confirmar su procesamiento. Entre estos elementos, el tribunal cita sus reuniones con la célula islamista de Madrid, tanto en la capital como en Asturias, para negociar la venta de la goma-2 Eco robada en mina Conchita; así como que organizara los tres viajes realizados por los también procesados Sergio Álvarez y Antonio Iván Reis, y el menor ya condenado, conocido como «Gitanillo», en los que se transportó el explosivo para entregarlo personalmente a Jamal Ahmidan. También destaca los numerosos contactos telefónicos de Trashorras con los islamistas y las expresiones que vertió «ante sus allegados» cuando tuvo noticias de los «gravísimos hechos ocurridos aquel día».
Antonio y Carmen Toro. Cuñado y esposa de Suárez Trashorras, respectivamente, la Sala atribuye al primero una labor de enlace entre el ex minero asturiano y el grupo de procesados que se relacionan con Rafa Zouhier (la célula islamista). Participó en el suministro de explosivos y, a principios de octubre de 2003, acudió a una reunión con Trashorras y Zouhier, donde los dos españoles enseñaron a este último un detonador en presencia de Jamal Ahmidan y Rachid Aglif (ambos, suicidas de Leganés). Por su parte, la esposa de Trashorras también participó en la citada reunión, así como en otra posterior en la que se «trataron las cuestiones relativas al transporte de explosivos desde Asturias y a su abono mediante entrega de sustancias estupefacientes». Además, Carmen Toro mantuvo contactos telefónicos con otros sujetos implicados en los hechos, por lo que el tribunal descarta que fuera su marido el que utilizó su terminal para efectuar las llamadas.
Iván Granados y Sergio Álvarez. Ambos participaron en dos de los tres viajes que sirvieron para transportar la Goma-2 y los detonadores a Madrid. Según la Sala, el primero mantenía «un nivel de relación y confianza grandes con Suárez Trashorras», hecho que se deduce del número de contactos telefónicos que mantuvieron, sobre todo entre el 12 y el 16 de enero de 2004. Igual que Del Olmo, el Tribunal sostiene que Granados era consciente de que la bolsa que entregó a «El Chino» contenía explosivos porque había acompañado a Suárez Trashorras a la mina para vigilar mientras el primero «recogía» el material.
Raúl González y Javier González. Trabajador de mina Conchita, Raúl González Peláez declaró ante el juez que cualquiera podía sustraer explosivos de esa explotación debido a la «absoluta falta» de medidas de seguridad. Reconoció también que esconder los explosivos que no se utilizaban con el fin de aprovecharlos al día siguiente era una práctica habitual. Además, entre finales de enero y principios de febrero de 2004 -justo las fechas en las que la goma-2 es sustraída- se intensifican los contactos de este procesado con Suárez Trashorras. Iván Granados aseguró sobre este hecho que los explosivos los proporcionaba «Rulo», apodo con el que se conoce a Raúl González. En lo que se refiere a Javier González Díaz, el menor ya condenado aseguró que mientras éste realizaba labores de vigilancia, Trashorras robaba el explosivo. Otro de los indicios que pesan sobre este procesado es el tráfico de llamadas telefónicas con el ex minero, «habiendo ido los dos a mediados de febrero de 2004 a Madrid supuestamente a recoger un vehículo».
Emilio Llano. Vigilante de la mina Conchita y Collada, se le acusa de haber permitido la sustracción de explosivos. La Sala considera suficientes los indicios de criminalidad contra este procesado.
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