Los profesores no pueden hacer milagros. Ni siquiera los padres, a los que ha culpado Zapatero de los desastrosos resultados educativos de los niños españoles, sobre todo en lectura. El problema es que los niños tienen fuentes de información alternativas a los padres y profesores. Ven la tele y navegan en internet. Y las cuentas no les cuadran. Las cuentas entre el mensaje de la trascendental lectura transmitido por los adultos y los modelos de éxito social mostrados por sus fuentes de información.
Esta semana han conocido, por ejemplo, que Natascha Kampusch, aquella joven secuestrada durante ocho años, ha sido contratada para presentar un programa de televisión. No se ha sabido que tuviera una biblioteca en su reclusión, ni siquiera que haya aprendido a leer. Tampoco se sabe con exactitud de Linsay Lohan, un ídolo juvenil cuyo negocio más conocido de los últimos meses es la venta de las exclusivas de su condena a rehabilitación por conducir borracha.
Los niños saben, además, que las alternativas a la lectura para hacerse rico y famoso no son necesariamente tan duras como el secuestro y la borrachera al volante. También existen los concursos de televisión, sea Gran Hermano o Supermodelo del Año. Incluso OT, que requiere cantar, pero tampoco leer. La líder mundial de la televisión basura, como ha calificado Juan Cueto a nuestra televisión, ofrece muchas opciones. Y, más que nada, modelos de conducta social. Los niños que leen, aspiran, como mucho, a ganar el premio al mejor expediente del año. Y los pobres tienen un verdadero problema para demostrar que, no obstante, son normales.


