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«Me amarraron a una camilla y unos perros me violaron»

C. DE CARLOSSANTIAGO. Chile, a falta de uno, tiene dos informes oficiales sobre las atrocidades cometidas durante la dictadura de Augusto Pinochet (1973-90). El primer presidente de la democracia

Actualizado 11/12/2006 - 02:55:41
C. DE CARLOS
SANTIAGO. Chile, a falta de uno, tiene dos informes oficiales sobre las atrocidades cometidas durante la dictadura de Augusto Pinochet (1973-90). El primer presidente de la democracia, Patricio Aylwin, encargó el Informe Rettig y Ricardo Lagos, secuestrado por el régimen, impulsó la Comisión Nacional sobre Prisión Política y Tortura.
Las víctimas mortales de Pinochet, entre muertos y desaparecidos, superan las dos mil. Las que sobrevivieron a los cientos de campos de concentración rondan los treinta mil.
Depravación bestial
«Embarazada de cinco meses fui detenida y hecha prisionera. Colocada en el suelo me metieron ratones y arañas vivos por la vagina y el ano. Sentía que era mordida. Despertaba en mi propia sangre. Se obligó a dos médicos prisioneros a violarme». En octubre de 1973 esa mujer padeció otros sufrimientos: «simulacro de fusilamiento, electricidad, uñas de las manos y pies arrancadas, ingestión de medicinas e inyección en la vena de pentotal».
Los relatos recogidos repiten prácticas: «Ingerir excrementos, orina y vómitos, humanos o animales, líquidos pestilentes, por vía oral o nasal, alocadas carreras con los ojos vendados en rutas con obstáculos, para que tropiecen y caigan». Particularidad propia de Chile fue la incorporación de animales: «Me amarraron a una camilla donde unos perros amaestrados me violaron», «Me hicieron presenciar violaciones con perros»... Los testimonios son de niñas de 14, 16 y 17 años. El que sigue es el de una joven fruto de la violación a su madre cuando ésta tenía 15 años. «Represento la prueba gráfica, represento el dolor más grande, lo más fuerte que ha vivido mi mamá en su vida. Esto ha marcado mi vida y es para siempre. No puedo nacer en otra familia, ni cambiar mis antecedentes. Tuve que lidiar con la rabia, con la frustración de mi mamá. Pero yo, también tuve rabia. Me costaba contárselo a mi mejor amiga. Tengo que cargar con una mochila eterna. Mi mamá fue la hija de la vergüenza, sus padres nunca la perdonaron por haber sido detenida... Yo, soy esto que me pasó, pido que me apoyen, que me entiendan... Siento que nosotros, los nacidos igual que yo, fuimos tan prisioneros y torturados como los presos... Eres víctima y no lo ven. Porque no estás en ninguna parte clasificado. ¿Cuántas madres ven en sus hijos los gestos de sus violadores (y los rechazan)?
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