domingo, 22 de noviembre de 2009
Valoración:
Es posible que no hayan oído hablar de Amy Winehouse. Pero lo más probable es que sí. Por si acaso, es una cantante británica, judía, blanca con sabor a negra y voz grave de las que te ponen los pelos
Amy Winehonuse EPA
Amy Winehonuse EPA
11-8-2007 09:16:44
Es posible que no hayan oído hablar de Amy Winehouse. Pero lo más probable es que sí. Por si acaso, es una cantante británica, judía, blanca con sabor a negra y voz grave de las que te ponen los pelos de punta. Hasta ahí la parte artística. También es muy, muy borracha. Normalmente está como una cuba. Y cuando permanece sobria tampoco es que mejore en finura (Belén Esteban a su lado es Suzy Parker). Amy es capaz de escupir en un plató de televisión para pasmo del presentador del programa.
A eso añadimos la pinta que gasta. El pelo, un cardado imposible como el de la Peggy Bundy de «Matrimonio con hijos». Del maquillaje, lo más llamativo son las colas que se pinta en los ojos, también tiene un lunar enorme encima del labio y todos los brazos tatuados. Lily Savage (el personaje «drag» del cómico Paul O´Grady) decía que una vez había estado a una sola copa de un tatuaje. Amy es evidente que se ha bebido a la vieja Escocia en casa del tatuador. Hace dos días la tuvieron que ingresar en el hospital por pasote, que diría Bree Van de Kamp. Ayer «The Sun» contaba que había tenido una juerga de tres días durante la que había tomado éxtasis, cocaína y ketamina (tranquilizante para caballos) mezcladas con vodka y whisky. La mejor voz inglesa desde Shirley Bassey (que le ha dado su bendición como cantante) es un desecho de tienta. La versión femenina y aumentada de Pete Doherty pero con talento.
Según el «Daily Mirror», Anna Wintour también está prendada de ella y la va a sacar en la portada del «Vogue» de septiembre. Luego se ha dicho que no es cierto (es que es para no creerlo, aunque se haya apuntado incluso que las fotos las había hecho Bruce Weber). Claro, que esta atracción por las «mugre-cool» no es insólita. Recordemos el fervor que Oña Selfa, el diseñador de Loewe, tiene por nuestra Bebe.
Volviendo a las descarriadas, Amy es otra más para el club de las endrogadas borrachuzas tipo Lindsay Lohan. Son las Tallulahs actuales. Pero más flojas. Tallulah Bankhead, la reina del exceso (y la principal inspiración para Cruella De Vil), tenía una personalidad arrolladora de la que carecen estas jovencitas. Y los suyos eran otros tiempos.
Amy Winehouse (sí, el apellido obliga) puede tener menos problemas para seguir dejándonos sin habla con sus discos. Si se recupera y no acaba como Janis Joplin. Muerta. En ese caso, el gobierno tendría que encontrar un lugar seguro para enterrar su hígado (chiste del viejo cómico Phil Harris, no me lo apropio, sólo lo adapto). Pero Lindsay quizá tenga dificultades para trabajar en el cine. Richard Johnson, de «Page Six» (la famosa página de chismes del «New York Post») le recomienda leer «Conversations with Woody Allen», libro que saldrá a la venta el 16 de octubre y donde el director cuenta que no pudo contratar ni a Robert Downey Jr. ni a Winona Ryder para «Melinda y Melinda» porque no hubo manera de asegurarlos (a uno por antiguo drogadicto, a la otra por antigua choriza).
Por lo menos es de esperar que cuando la palmen sean tan coherentes como Tallulah, cuyas últimas palabras fueron: «Codeína... bourbon».

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