M. L.
MADRID. Se trata de una figura legal, aunque no deja de llamar la atención que Carlos Arenillas, vicepresidente de la CNMV, utilice la técnica que en el mercado se conoce como «mariachis», consistente en «engordar» el número de socios de una Sicav para sobrepasar el centenar, con lo que la fiscalidad se reduce hasta el 1%.
Así, la Sicav (sociedad de inversión colectiva de capital variable) de Arenillas, Tagomago, ha conseguido reunir 104 partícipes y entre 103 de ellos tienen el 0,75% del patrimonio de la sociedad (9,4 millones de euros al cierre de 2006) y Arenillas el 99,25% restante.
«Se trata de una fórmula habitual para reducir la fiscalidad y los bancos de inversión proporcionan los partícipes que sean necesarios para alcanzar la centena», explicaron a ABC fuentes del mercado.
Este tipo de sociedades de inversión colectiva suelen ser «de todo menos colectivas», indicaron a ABC fuentes familiarizadas con la operativa de estas sociedades, que explicaron que suelen ser vehículos de inversión utilizados generalmente por núcleos familiares, dándose con mucha menor habitualidad la figura para la que en realidad se creó, que es más cercana al «club de inversión».
Estas sociedades deben cotizar en Bolsa, por lo que cualquier particular puede comprar y vender acciones de la misma. Sin embargo, fuentes del mercado aclaran que «en realidad, tienen un movimiento más que limitado». En el caso de Tagomago cotiza en el Mercado Alternativo Bursátil y lo hace a través del sistema de «fixing» con sistema de subasta a partir de la fijación de dos precios a las 12 del mediodía y a las cuatro de la tarde. «Hay Sicavs que se pasan meses sin hacer ninguna operación», subrayan en el mercado.
Para tributar al 1%, la ley exige que el número de accionistas de las sociedades supere el centenar y por este motivo, muchos bancos de inversión proporcionan «hombres de paja» al accionariado de las Sicav que, en realidad, siguen en manos de un accionista dominante aunque en términos legales cumplan los requisitos para gozar de la fiscalidad reducida.
En el caso de la Sicav de Arenillas, está gestionada por el grupo Santander, aunque procede de Intermoney, el grupo financiero en el que desarrollaron su carrera profesional el vicepresidente de la CNMV y el anterior jefe de la Oficina Económica de Presidencia del Gobierno, Miguel Sebastián.
En los registros de la Comisíón Nacional del Mercado de Valores, el nombre de Arenillas no aparece como administrador, ya que no puede gestionar su patrimonio y es esta Sicav la que lo hace por él de forma «ciega». Los nombres que figuran, sin embargo, sí son significativos: Alberto Ridaura, director de banca privada del grupo Santander y Juan Muñoz Achirica, directivo de Intermoney, quienes encabezan la lista de «mariachis».



