Bajo el título «El libro rojo del cibercrimen. Los nuevos ladrones llevan guante virtual» y como si de un diccionario se tratara, un libro de Francesc Canals recoge más de doscientas definiciones sobre malos usos de internet, desde los distintos delitos virtuales hasta los casos más histriónicos, como los que envían invitaciones para su entierro o los que consultan compulsivamente cualquier síntoma de enfermedad.
En esta obra se comprueba cómo prácticas milenarias como el robo, la prostitución, la estafa, la venganza o los falsos rumores se han readaptado y consolidan su espacio en la Red al amparo del anonimato. Su autor ha tratado de promover la «cultura de la defensa» ante el cibercrimen, y describe dos grupos de «fauna informática»: los «ciberterroristas» y quienes cometen actividades delictivas; y aquellos otros que llevan a internet sus miedos y obsesiones, a los que Canals llama «cibercondríacos».



